Pues en su interior habitan espíritus, o
al menos geniecillos, que hacen que para el coleccionista…
la posesión sea la relación más profunda que se pueda mantener con las cosas:
no se trata, entonces, de que las cosas estén vivas en él; es, al contrario, él
mismo quien habita en ellas. De este modo, he construido ante ustedes uno de
sus receptáculos, cuyos elementos constructivos son los libros, y ahora el
coleccionista, como es justo y deseable, desaparece en su interior.
Walter Benjamin
La
quinta parte de Desembalo mi biblioteca está dedicada al poeta cartagenero Luis Carlos López, quien nació en 1879 y falleció en 1950. Conservo dos
versiones de su obra completa, ambas investigadas, seleccionadas y comentadas
por Guillermo Alberto Arévalo, quizás el mayor estudioso y conocedor de la obra
del poeta.
De
entrada, quiero destacar que el poeta López vio truncada su carrera de medicina
por cuenta de la Guerra de los Mil Días, en la que se alineó junto a las guerrillas
liberales de Rafael Uribe Uribe, pero fue prontamente encarcelado en Cartagena
por el ejército conservador. Sin embargo, de ese primer fracaso político,
quedaron unos versos que luego modificaría, pero que en su versión original
decían: “No andar con Luis C. López, anarquista, liberal y ateo…”
Guillermo
A. Arévalo sostiene que: “López no es, como gran cantidad de literatos
nuestros, alguien que separe el idioma que habla cotidianamente del que
escribe; no es, en este sentido, cultista, ni académico en cuanto al lenguaje.
Es un poeta que escribe hablando; que quiere decir cosas, y no elaborar
imágenes del lenguaje “elevado”. Tuvo el gran mérito de evitar el otro extremo,
el de la jerga provinciana que obliga también al diccionario y las constantes
llamadas aclaratorias. Si no quiso ser un “vanguardista”, tampoco se le podría
calificar de naturalista.”
El
primer libro en el que de a poco voy desapareciendo en su interior se titula Obra
completa. Edición crítica de Guillermo Alberto Arévalo. Fue realizada por
Carlos Valencia Editores y corresponde a la segunda reimpresión de 1980. La
primera edición fue realizada por el Banco de la República en 1976, y la
segunda es de marzo de 1977. Tiene 312 páginas e incluye una nota previa a la
segunda edición. Incluye una extensa bibliografía de y sobre Luis Carlos López,
así como un índice alfabético de los poemas.
El
segundo libro es Poesía completa, también con un prólogo de Guillermo
Alberto Arévalo. Es la primera edición realizada por Arango Editores y El
Áncora Editores, en 1988. Tiene 250 páginas y también incluye una selecta
bibliografía sobre el poeta. En el prólogo, Arévalo rescata una sentida nota de
Nicolás Guillén, ante la muerte de Luis Carlos López: “no sé como le tienen (…)
por poeta “humorístico” sin más ni más (…) La musa de López no ríe, sino que
llora. Donde muchas veces creemos escuchar una carcajada hay un lamento, un
terrible lamento, casi un aullido. En una sociedad pacata, monjil, apegada a
las viejas tradiciones coloniales, manejada por el clero, explotada por la gran
burguesía conservadora y liberal (que en eso desaparecen las fronteras), la voz
del Tuerto López no se alzó para divertir al amo, sino para fustigarlo. Sus
versos son los de un gran poeta amargo, profundo, en quien – como en Heine – el
sarcasmo es arma ofensiva de superior eficacia y más aún el sarcasmo lírico
(…)”
SELECCIÓN
POÉTICA
DE TIERRA CALIENTE
Flota
en el horizonte opaco dejo
crepuscular. La noche se avecina
bostezando. Y el amor, bilioso y viejo,
duerme como un sueño de morfina.
Todo está en laxitud bajo el reflejo
de la tarde invernal, la campesina
tarde de la cigarra, del cangrejo
y de la fuga de la golondrina...
Cabecean las aspas del molino
como con neurastenia. En el camino,
tirando el carretón de la alquería.
Marchan dos bueyes con un ritmo amargo
llevando en su mirar, mimoso y largo,
la dejadez de la melancolía...
TARDE
DE VERANO
“El rico es un bandido”
San Juan de Crisóstomo
La
sombra que hace un remanso
Sobre la plaza rural,
Convida para el descanso
Sedante, dominical...
Canijo, cuello de ganso,
Cruza leyendo un misal,
Dueño absoluto del manso
Pueblo intonso, pueblo asnal.
Ciñendo rica sotana
De paño, le importa un higo
La miseria del redil.
Y yo, desde mi ventana,
Limpiando un fusil, me digo:
—¿Qué hago con este fusil?
LOS
QUE LLEGARON DE PARÍS
¿No es verdad, paloma mía
que están respirando amor?
José Zorrilla
Ceñido
flux de pederasta, flor
fragante en el ojal,
mostachos agresivos de tenor
y muy agudo el ángulo facial.
Y la novia, la falda de color
mimoso, azul lilial,
cabellos de un rubor
de lacre, una actitud sentimental
y ojos de liebre. Gastan el placer
de levantar —unido el canotier
con la chistera en forma de bacín—
la polvareda de la exhibición
requiriéndose con
frases de almíbar y de pepermín...
ASÍ
HABLÓ ZARATUSTRA
No
hay que hacerse ilusiones
sobre tibios colchones
de algodón y de seda.
La vida que nos queda
puede servirnos para
vencer. Y cara a cara
y contra la corriente
tenderemos el puente
de ribera a ribera...
Después, sin un suspiro,
disuelta la quimera,
nos pegamos un tiro.
MIENTRAS
EL MUNDO GIRA...
¿Qué es la
propiedad
Proudhon
Por un mendrugo
tiene que plañir
con ademán
suplicativo. Ir
de zaguán en
zaguán.
Cero a la izquierda, cero
del montón,
tiende el sucio sombrero
de folletín, se
apoya en un bordón
senatorial. Y mira
la farsa del
humano redondel,
mientras el mundo gira
con un pequeño desnivel.
DE SOCIEDAD
Maldita sea mi suerte
y el día sea maldito...
Bartrina
La esposa del
banquero, flaca y fría,
que hace música. Yo
junto al Pleyel, tenía
toda la flema de un anglosajón.
Se prolongaba con alevosía
y premeditación
la sonata. Mi tedio me decía
bostezando: ¿por qué no anda el reloj?
Y luego, para colmo
de peras en el olmo,
tuvimos que aplaudir
a la señora del señor pudiente,
pensando injustamente:
¿pero por qué Mozart no fue albañil?
THAT IS THE
QUESTION
¿Por qué no he
querido ser cura?
Julio Camba
A Carlos E.
Restrepo, para
que rece por mí.
Lo mismo digo yo
sin ironía,
pues no quise, en mi estólida locura,
ser en mi juventud lo que hoy sería:
Cura de pueblo, un bonachón de cura.
Vivir en un curato con la pía
tranquilidad del alma y sin la oscura
perspectiva del pan de cada día…
¡Y todo por llevar una tonsura!
Gordo y feliz, —no flaco y maldiciente,
masón y radical— con elocuente
y corajuda voz, ¡que de sermones
no hubieran sido los sermones míos,
contra esos más que bárbaros impíos
llamados liberales y masones!
¡Con que fogosidad, con que divina
fogosidad hubiese proclamado
la Ley Seca!... Pues ir a una cantina
no es un pecado, ¡sino un gran pecado!
También viendo una casa clandestina,
muy duramente hubiera condenado
la erótica pasión luciferina
de... los gatos que buscan un tejado.
¡Y qué felicidad me brindaría
la época electoral, donde yo haría
las elecciones sin un gatuperio,
no sin llevar a cabo, entre la recta
sociedad de mi grey, una colecta
para los niños del Celeste Imperio!
Porque yo hubiera sido hasta mi fosa,
con noble sencillez, un cura bueno
y humilde, más humilde que una cosa
que ni siquiera cueste un vil centeno.
Pero perdí la senda... Y perdí a Rosa,
mi humilde ama de llaves, de agareno
perfil y ojos de hurí, "dulce y sabrosa
más que la fruta del cercado ajeno."
Por eso estoy muy triste ante la idea
de no ser un buen párroco de aldea,
para nunca exclamar entre infinitas
congojas que hay me tienen lacerado:
te fuiste para siempre de mi lado
¡cepillo de las ánimas benditas!
CAMPESINA, NO
DEJES...
A Marisol
Campesina, no
dejes de acudir al mercado
con tus rubios cabellos—coliflor en mostaza—
y tus ojos, tus ojos donde anida el pecado…
¡Quién no acude por verte cuando cruzas la plaza!...
¡Si hasta el cura del pueblo, que es un alma sencilla,
al mirarte sacude su indolente cachaza!...
¡Si eres égloga!... Y cantas, sin cantar, la semilla
y el surco, los molinos, el arroyo parlero,
donde viajan las hojas su tristeza amarilla...
¡Qué te importa que un zafio, que un panzudo banquero
y que aquella muchacha, solterona y muy fea,
no avaloren—mendigos de su inútil dinero—
la eclosión de tus frutos, de tu alegre azalea!
¡Que se vayan al cuerno!... ¡Que se vayan al ajo
y al tomate!... ¡Y que coman arroz con jicotea!...
Porque tú, campesina de sombrero y refajo,
cuando pasas en burro-sandunguera y sabrosa-
¡pones alas y trinos de jilguero en el grajo!
¡Pones alas y trinos!... Y te llevas la rosa
de tu faz... Y te llevas tu maligna mirada,
con tu dulce sonrisa que ha dicho esa cosa
que le dice a un goloso la entreabierta granada...
VERSOS A LA LUNA
¡Oh, luna, que hoy
te asomas al tejado
de la iglesia, en la calma tropical,
para que te salude un trasnochado
y te ladren los perros de arrabal!
¡Oh, luna!... En tu silencio te has burlado
de todo!... En tu silencio sideral,
viste anoche robar en despoblado
...y el ladrón era un Juez Municipal!...
Mas tú ofreces, viajera saturnina,
con qué elocuencia en los espacios mudos
consuelo al que la vida laceró,
mientras te cantan, en cualquier cantina,
neurasténicos bardos melenudos
y piojosos, que juegan dominó...




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