jueves, 5 de mayo de 2016

El tuerto de las serpientes. 1546

Fotografía tomada por Pedro Reino en Puyo-Ecuador. Puyo es la capital de la provincia amazónica de Pastaza y el indígena desnudo pertenece a los Woarani o aucas, que son los más belicosos y certeros hombres de lo profundo de la selva, quienes llegaron a Puyo a un concurso de cerbatanas, o sea de disparar por unas cañas largas, dardos envenenados mediante su soplo hacia un árbol y dar en un blanco del tamaño de un ojo a más de 50 metros de distancia. Estos músicos que luego actuaron en escenario fueron los ganadores frente a otros nativos. 


Les comparto un texto del escritor ecuatoriano Pedro Reino Garcés, en el cual podemos apreciar su particular manera de reconstruir, recrear y repensar la historia común de nuestros países hermanos.



Por Pedro Reino Garcés

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Me ha dicho que había tenido que hacer el amor con una serpiente que  se le iba engrosando como un tonel de vino; y que era  tan larga y retorcida como el río que le pertenecía.  También me  dijo que el río  era suyo,  porque  él lo había descubierto. Esas serpientes anacondas existieron allá  mucho  antes de que nuestra madre Eva saliera desnuda a pasearse en sus jardines y fuera tentada por una lombriz insignificante. Eran cosas que él conversaba delante de la gente que quedaba atónita, mirándole el único ojo por el que saltaban sus  aventuras repletas de lluvia, de monos acróbatas  y de guacamayas que hablaban  lenguas nunca oídas.  También me conversaba que por esas selvas, las que van a llamarse  la Nueva Andalucía, las mujeres, cuando pasaban a ser hembras, botaban sus alas de increíbles mariposas  y se transformaban en peligrosísimas amazonas que, totalmente desnudas, manejaban diestramente las lanzas con las cuales olfateaban a los hombres para llevarlos arrastrados  hasta  la hojarasca, donde, después de succionarles la fertilidad, les devolvían a la selva con los ojos enlagunados.
Me decía que todavía  tienen algo así como un poder de las “arañas sociales”  que tejen hamacas gigantescas entre los árboles, donde se puede columpiar la gente sobre ríos y lagunas. Es cosa que muchos las pueden ver  colgadas de altísimos guarumos. Me dijo que en esos hilos tejidos con  lluvia y con cantos de pájaros,  él las  había visto hacer el amor a las mancebas  con algunos de sus imprudentes  soldados,  hasta que ellas  los dejaron exterminados  como a los demás  insectos que caían en sus redes. Después de abrazos y besos y demás estertores del deseo. Solo habían quedado  los huesos pelados  y escupidos, los que tuvimos que lanzarlos a la corriente, me confesaba.

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Sé que estás reclutando gente para regresar a tu río, me casaré contigo para que me lleves al lugar  donde quieres tener un reino con esas  amazonas, atinó a decir Ana de Ayala entre saltos y brincos de sus quince años. No me importa que me dobles en edad y que hayas regresado tuerto a Extremadura. Me has consolado diciendo que también quedó tuerto el padre Carvajal que bajó en tu compañía cuando te desprendiste de Pizarro.   Ahora que eres el tuerto de Trujillo, iré contigo a Indias y lo primero que haré es  averiguar por  tu  ojo robado por los indios de Puerto Viejo en Guayaquil;  o por lo menos, iré a buscar evidencias de  tus miradas que deben  estar diluyéndose con las gotas de la lluvia por Baeza o por el río Napo,  por donde dices que nunca cesa la lluvia entre las hojas de la selva.  Avísale a tu padrastro Cosme de Chávez. Dile que tienes una mozuela dispuesta a desafiar al mar y que quiere  llenarte de ilusiones  el hueco del ojo que cubre la mitad de tu destino.
¡Cómo has llegado a alegrar mi vida!,  mi bella niña. ¡Cómo saltan tus palabras desde la inocencia de tu alegría!. Si tú me ofreces tu primer amor, yo te regalaré mi río.
Quiero que me vean contigo en la iglesia de la Macarena de Sevilla. Quiero que nos vea la Virgen entre sus diez mil velas encendidas. Vamos para que ella reciba el olor de tu cuerpo impregnado de ese país de la canela. Ten cuidado con los olores pecaminosos de tu ishpingo ante la Maja. Muéstrale tu vientre debajo de la armadura para que se acuerde de los troncos de los árboles de ceibas que, según me dijiste,  dejaste en Puerto Viejo de Manabí.  Decías que esos arbolones son piernas de machos  encantados que florecen sus lanas en sus ingles sedosas en los meses  en que  las garzas les picotean los ombligos.  Ofrécele secretamente oro para sus espléndidas coronas.  Yo, en cambio,  le voy a decir que  desde tu río de las amazonas  le iré cantando sevillanas y recitando cantes de gitanas con gritos de porfías,  para quitarle sus lágrimas a punte avemarías.
Será como tú quieras a cambio de que te cases y vayas conmigo. Te mostraré los 6.800 kilómetros que tiene mi río por el que yo he bajado aventurando y haciendo el amor a esa serpiente en cada uno de sus recodos infinitos. Mi niña, quiero guardar en tu alma lo que en las cortes no me creen. Nuestro Rey quiere oro y no aprecia mis relatos infinitos. En mi cara no está el convencimiento. Ponme atención a lo que han dicho: que tal vez estuve en Grecia averiguando sobre la guerra de Troya, y no en las  Indias. Creen que me ha embrujado la reina Pentesilea y que he tenido visiones con sus amazonas que yo nunca he sabido que eran doce: con Clonia, con Polemusa, con Derinoe y con Evandra, con Antandra y con Bremusa, con Hipótoa, con Harmótoa, con Alcibia y Derimaquea, y con Antíbrota y Termodosa. Andan  diciendo  que me creo un Aquiles  dando muerte a las mujeres;  que he vuelto a asesinarlas en mis alucinaciones. Que quiero convencerles en la corte  que he matado con sus propias  lanzas a cualquier Pentesilea, y que la he dejado sepultada  a orillas del río que debe ser el Escamandro, y que quiero regresar hasta su tumba para juntar mi alma vagabunda  a su belleza. ¿Dime si acaso no eres tú, la que quieres que yo te ame, como a Pentesilea?  Te aseguro que lo comprobarás cuando tan solo seas pluma desprendida de mis obsesiones. Te darás cuenta  que quiero ofrecer a España la cinta de agua dulce más larga del planeta . Es verdad que en las cortes la gente parpadea sus dos ojos, pero son tuertos de la razón, tuertos de sueños, son tuertos de futuro, entorpecedores miopes que no entienden de la gloria, que miran por solo el ojo que tiene hasta cataratas  en sus míseras  codicias.
La Corte no me autoriza que contrate pilotos extranjeros. Dicen que es por las leyes que tal situación está prohibida. Quiero asegurar mi vida comprando buenos navíos, quiero asegurar mi expedición para tener atractivos tripulantes. Tengo negociadas cuatro naves  con las que conquistaremos el gran río; estoy negociando: “La Victoria”, la San Pedro, la Guadalupe y la Bretón.  Me han dicho que he puesto mi único ojo en las peores. ¿Me ayudarás a creer?
Seré la luz que te falta al otro ojo, mi amado tuerto trujillano.  Lo que te puedo asegurar es que vamos a casarnos este 24 de noviembre de 1544.
Mi pequeña Ana, mi esposa niña. Cuando lleguemos al río mar, serás más célebre que Pentesilea. Mira cómo nos han obstaculizado nuestro viaje los que ahora son dueños del destino. Las naves ya están en el puerto de Sevilla.
 No le hagas caso al tal  fray Pablo de Torres, amado tuerto mío. Es su envidia la que en todo encuentra irregularidades. Déjalo gritando por las calles de Sevilla: No lleva los trecientos hombres anunciados, le faltan aparejos y artillería para disparar a sus amazonas. Ha tomado marinos flamencos, alemanes, ingleses y portugueses. Todo es un desacato del tuerto que además está demente. Le faltan armas y caballos para pelear con sus serpientes. Este 11 de mayo de 1545, Orellana se ha hecho a la mar sin obtener nuestro permiso.
Ana de Ayala, la niña esposa del tuerto Orellana oye en alta mar los gritos del padre  Pablo Torres: el tuerto ha cometido un desacato. Ha zarpado el tuerto a su país de la canela.

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¿Qué pasa con el mar de Cabo Verde, señor mi esposo don Francisco?
Nada pasa mi niña. Mira como el amor es azul cuando es profundo; mira como el amor es color de la esmeralda cuando tiene tu edad; mira como el amor resbala sobre la piel del mar cuando se esconde entre las islas del deseo. ¿Sientes cómo vamos cabalgando sobre caballos de agua? ¿Acaso no te has dado cuenta que los peces te colean en tus pechos? ¿No has visto que mis dedos son cardúmenes que se refugian en tus algas, en   tu pelo y en los peñascos que tienes debajo de tus besos?
De pronto la tripulación eleva gritos. Capitán Orellana, suspenda sus actos de amor sobre la nave que se está hundiendo “La Victoria”. Ana se zafa de sus  propias ansias, desata los brazos que le atrapan y sale a contemplar su vida en hundimiento.  El mar, el mar, el mar es así como la vida. No se sabe su principio y su final.  Mira con qué color nos sigue el mar a “La Victoria”. ¿Notas el cambio de color entre sus olas, mi capitán don Francisco de Orellana?
Adelante es azul, verde y turquesa. Estamos en el mar de Cabo Verde.
El mar de atrás se ha vuelto  sucio y de hace rato nos viene  pestilente. Tiene el  exacto color de oro podrido;  huelen los vientos a codicias repulsivas. Hay más peligro porque son mansas olas de odio.  Es un mar que se ha dormido en su venganza.  Son las letrinas de la tripulación.  Es la peste  que descargan las aguas hediondas y malsanas las que han contagiado al mar con sus bacterias. Abandonemos el barco que estamos navegando sobre estas olas repletas  de diarreas. Son gritos que se oyen desde los cobertizos.
“La Victoria” se quedará durmiendo en estos  mares para constatación de nuestra historia. Le dice el Capitán; pero las voces  malolientes de la muerte salpican de gritos la catástrofe:
“La Victoria”  se quedará durmiendo en estos  mares haciéndoles defecar a los cadáveres. Han tirado al mar a ciento cincuenta tripulantes intoxicados de tu seducción, de tu testarudez,  de tu codicia. ¿Ya no queréis oír  qué cien sobrevivientes están gritando que  se regresan porque no piensan más obedecerte?  Dicen que prefieren volver a comer mierda, pero que no les interesa naufragar,  ni morir podridos en nombre de la capitulación de cualquier rey de papel ni del medio Cristo visto por un tuerto.
Griteríos y olas, da lo mismo. Palabras o viento es redundancia.  Dicen que la diarrea se ha estancado porque sus portadores se han  encontrado inesperadamente se con la muerte. ¿Cuántas naves me quedan sobre el ma, querida mía?  ¿A ti no te duele la barriga? Anita mía, cuando lleguemos a la selva, cuando penetremos al fin por nuestro río, acude de inmediato en pos de los hechizos de las  indias; busca entre las nativas amazonas a las que  tienen saberes de sus medicinales yerbas. No sabes cómo es terrible este  dolor de mi barriga.  Se me retuerce el alma y me salen los  sudores  de las tripas. Hay arcabuces que viajan por mi estómago, y gruñen de rabia los perros que buscan las podredumbres en mis vísceras.
¿Cuánto falta para llegar amado mío?
Tal vez un par de meses, y después  tendremos ese inmenso río de agua limpia. Es por culpa del agua podrida, que lo han contaminado  aquí, en el barco, que me ha  dolido  la barriga;  y tengo que confesarte, que desde ahora  mi mierda es infinita. Pero, ¡cómo me duele la barriga! Y para colmo, ya no tenemos nada qué comer, ni agua para poder beber, y además;  tener que ir a pujar en la letrina. Tal vez pueda valernos el meado limpio de un caballo. Ruégale,  vida mía, que nos salve la virgencita de Sevilla.
 
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Perdona amada mía, mi niña consentida. Hemos llegado al catastrófico final de nuestra utopía. Es noviembre de 1546. Aquí estamos  de regreso al río-mar. Mi última barca se ha encallado en las arenas acarreadas desde mi primera travesía. La barca que ves  es la vida misma que ahora está quieta aquí a tu lado,  justo porque ha sentido mi agonía. Dame tu mano fresca  mientras devuelvo mis últimas palabras a esta vida. Después de lo dicho, cierra mi ojo explorador  y entiérrame a la orilla de mi río, debajo de un árbol noble. Dame tu mano que ahora mismo siento que  me invade la fatiga.  No puedes decir que no te  he cumplido. Te vine a mostrar el río-mar.  Tómalo por tuyo porque te lo mereces, tanto por mi amor como por haber sido la primera mujer de las Españas que aprenderá la lengua de mis pájaros, y escribirá en su Biblia que fuiste tú la  que miró a las serpientes engrosadas con los siglos. Dirás que yo nunca he traicionado a mis primos: los Pizarro. Gonzalo nunca entendió que los ríos son como la vida del bergantín, que no hubo  posibilidades del regreso. He vivido apenas mis treinta y cinco años. Júntate a los veinte hombres que nos han sobrevivido, y beban lo que puedan de agua limpia, que desde ahora  les heredo.
Que Juan de Peñaloza te cuide el resto de tu vida.  Él  que sabe mucho de mi situación debe luchar por mis derechos y, seguro, te hará su concubina. Reclamen por mis descubrimientos ante el Rey, reclamen mis derechos por la gobernación de Guayaquil. Si acaso tienen tiempo, busquen la flecha con la que disparó el indio y me arrancó el ojo en Manabí.
Te dejo amada mía. Bajo a mi tumba de agua. Si acaso se han da acordar de mí, algún día, sepan que les caminaré por el recuerdo desde la saliva urticante de la  hormiga.
 
 
Léxico

Arañas sociales: Variedad de alimañas de la amazonia que tejen sus telas gigantes en forma comunitaria.
Guarumo: Árbol amazónico  que alcanza grandes alturas y es preferido por aves, hormigas y arañas.
Ishpingo: Flor de la canela amazónica usado en la elaboración de postres, dulces y aromatizantes. Asociación erótica masculina por la forma de la flor.

domingo, 24 de abril de 2016

Las cinco letras del Deseo - Antología latinoamericana de poesía homoafectiva del siglo XX


Junto con el poeta Hernán Vargascarreño, hemos publicado recientemente la Antología latinoamericana de poesía  homoafectiva del siglo XX, titulada, Las cinco letras del Deseo. En ella hemos juntado 85 autores de 17 países.
Tendremos una primera presentación de esta obra en la 29 Feria Internacional del Libro de Bogotá, que tiene lugar entre el 19 de abril y el 2 de mayo de 2016 (allí se está distribuyendo en los Stands de La Casa de Poesía Silva, El departamento del Huila y la revista Puesto de Combate). Luego vendrán muchas más presentaciones en Bogotá y en otras ciudades colombianas. Pueden adquirirla escribiendo al correo electrónico: fundacionexilio@gmail.com 

A continuación les comparto el texto que escribí como presentación de la antología.



El antiguo misterio

¿Cómo el antiguo misterio logra que sus puertas cedan ante el horizonte de humo y sombra? ¿Cómo esa muda presencia se encarna en el cuerpo de la noche? Desvelar ese secreto, insertar las cinco letras del Deseo en la carne y la sangre y dejar que el corazón vuelva a su jugueteo tranquilo con todos los espasmos, esa es quizás la huella celestial que persigue esta arriesgada Antología de poesía latinoamericana homoafectiva del siglo XX. Si bien es cierto que no es la primera en esta línea, sí quiere hacer una leve presión para que muchas voces aquí recogidas rompan con su enclaustramiento y se levanten seguras, sin el temor que por tantos años les ha obligado al despojo de sus más entrañables sentimientos.Y es que aún hoy, a pesar del avance en el reconocimiento de las diversidades y de la multiculturalidad que se pregona, publicar un texto literario sobre temática homoerótica, no deja de ser algo que genera cierto escozor como resultado del largo tiempo en que la expresión del afecto homosexual se mantuvo en el secreto, auspiciado por el pensamiento patriarcal y heterosexista que ha favorecido una larga historia de olvido y ocultamiento.

Cuando empezamos a trabajar en esta selección de poemas, nos vimos abocados a la necesidad de definir unos rangos dentro de los cuales movernos para tratar de no ser repetitivos y aunque, como verán, hay textos que son revisitados en uno y otro trabajo de este tipo, siempre quisimos apuntarle a los menos conocidos. La idea general que rondaba el proyecto era la de juntar poemas que tuvieran como tema central el mundo lésbico-gay-trans. En ese momento nos preguntábamos si, para facilitar las cosas, recurríamos a la afirmación, dentro de la tradición literaria, de una categoría que pudiera señalarse como “poesía lésbica o gay”, o si sería más fácil hacer una selección de poetas que habían reconocido su condición como lesbianas u homosexuales. Esta segunda opción, aunque más fácil de reconstruir, lleva fácilmente a los determinismos y a los señalamientos de un sujeto debido a las prácticas que realiza, algo muy contrario de lo que queríamos reafirmar: la diversidad de expresiones afectivas que siempre nos han acompañado, aunque no siempre hayan gozado de buena aceptación social.

Claro que intentar categorizar una cierta escritura como masculina, femenina u homosexual, tampoco es algo que nos convenza, pues creemos en la libertad creativa del artista y en que la poesía es en sí misma, independiente del género de quien la escriba. Entonces decidimos, como un acto reivindicatorio, apelar a ciertas temáticas que a nuestro parecer corresponden con el sentimiento homoafectivo (lésbico-gay-trans), lo cual permite incluir a poetas que le cantaron a esas pasiones aunque no se estaban identificando con ellas. Podrán encontrar, por ejemplo, poemas de José Eustasio Rivera, Miguel Rasch Isla o Gonzalo Rojas, quienes no hacen parte de la galería gay.

El otro problema al que nos enfrentábamos era el de definir un tiempo y un espacio que nos fueran manejables, pues ya había publicaciones en castellano con similar temática pero bastante abarcadoras en el tiempo o demasiado centradas en un lugar específico; aunque hay que anotar que no es que abunden este tipo de trabajos y que aún es tarea pendiente para los estudios literarios. Para hacernos una idea de estas publicaciones que citamos, es preciso recordar que apenas a finales de los años 60 se vería la primera antología de poesía gay en Latinoamérica, específicamente en Brasil, la cual fue titulada, Poemas de amor maldito (1969).

Luego de una larga sequía, con el fortalecimiento de los estudios de género dentro del campo literario (que provenían básicamente desde la academia estadounidense a partir de los años 80) se fue rompiendo la timidez y empezaron a aparecer antologías locales, como A corazón abierto: Geografía literaria de la homosexualidad en Chile (2001); Antología de la Literatura Gay en la República Dominicana (2004); Ardor de hombre, primera realizada en Colombia y editada por Harold Alvarado Tenorio bajo su sello Arquitrave, (2005);  Poesía homoerótica: antología, publicado por la Revista mexicana Alforja (2006); Poemas Homoeróticos Escolhidos (Brasil, 2011); Voces para Lilith, antología de literatura de temática lésbica en Suramérica, editada en Perú en 2012; la realizada en Venezuela con el título, Versos diversos, Antología poética sexo-género diversa contemporánea e hispanoamericana (2011); la antología ecuatoriana La astillada sombra de Sodoma (2013) y la realizada en Cuba, titulada, Todo parecía – poesía cubana contemporánea de temas gay y lésbicos (2015).

Ante esta panorámica, y para no reincidir sobre lo ya publicado, finalmente optamos por señalar como marco temporal el siglo XX y concentrarnos en el vasto territorio latinoamericano, haciendo un detenimiento especial en poemas colombianos por ser este el país desde donde se realiza la presente antología. Es oportuno aclarar que decidimos no consultar ni incluir a varios poetas colombianos (gay y lesbianas) de quienes es conocida su homosexualidad, sencillamente porque no reconocen en público su identidad sexual o porque no permiten que se los encasille en una antología de temática homoerótica.

En nuestra búsqueda pudimos corroborar que hay antecedentes de literatura con temática homosexual en Latinoamérica desde finales del siglo XIX, y aunque sus narrativas fueron valientes, la tradición literaria no dejó de considerarlas como ese “sucio secreto” o “la abyección del invertido” que tenía que esconderse. En otras ocasiones, los autores tuvieron que recurrir a un encubierto esteticismo que servía para ocultar una pasión, como es el caso de los mexicanos Carlos Pellicer, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia o de la chilena Gabriela Mistral, de quien aún se discute sobre la intención de sus textos.

Más adelante, tras revalorarse la potencia del cuerpo, se optó por expresar de manera directa la puesta en práctica del deseo y con ella la lógica del “digo lo que amo”. Podríamos decir que a partir de los años setenta se instaló una poética del cuerpo y la mirada pasó de la concentración en el “acto” a la reafirmación de la “identidad” sexual, es decir, del enclaustramiento al activismo, haciendo público un enunciado directo, con la fuerza y la potencia de quien no encubre nada aunque esto le resulte peligroso. También las voces lésbicas tuvieron su primera expresión directa luego de la segunda mitad del siglo XX, tal como queda expresado en el poema La antología, de Susana Thénon.

En Colombia, según Daniel Balderston, la primera referencia de literatura queer llegó por medio del cuento que el guatemalteco Rafael Arévalo Martínez hizo tomando a Ricardo Arenales (pseudónimo en ese entonces de Porfirio Barba Jacob) como personaje “invertido” al que lo comparaba con un caballo. Este antecedente, más bien incipiente, no puede hacer olvidar el arrojo mostrado por autores como Barba Jacob o Bernardo Arias Trujillo, quienes vivieron en el tiempo en que la manifestación del amor homosexual se hacía de manera velada, y sin embargo, en varias de sus composiciones mostraron de manera franca la lógica de sus deseos. En sus versos están los gérmenes de una militancia homoerótica que luego se extendería a todo el continente. Este es el gran aporte que en esta lucha se hizo desde Colombia.

Sabemos que optar por la divulgación de la literatura homoerótica sigue generando un choque con la tradición literaria heteronormativa y produce un distanciamiento en las maneras de abordar la expresión erótica. Por esta razón queremos aclarar la noción de homoerotismo que es la que ha venido atravesando este trabajo compilatorio. Al hablar de erotismo nos referimos a la visión del cuerpo deseado y a la creación de un nuevo tiempo para los amantes, allí donde el vértigo y el abismo nos hacen vulnerables y nos ponen de cara a la construcción de una identidad propia del deseo, pero que es preciso desaparecerla para hacernos leves y experimentar la desnudez, la muerte de sí, la desposesión, y de esa manera renacer en otra potencia donde se rebasa la ley aprehendida, la ritualidad de las formas preconcebidas. Tal como decía Bataille, el erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte. Esta mirada tan vital de lo erótico-homoerótico, que reconoce su potencia en la intensidad del instante al saberse efímera e irrepetible, es la que hemos ido descubriendo a lo largo de estos poemas, aunque en algunos de ellos la manifestación del deseo tiende a espiritualizarse o a ocultarse tras de una imagen. Dada esa amplitud de miradas, decidimos optar por el término homoafectivo, que nos pareció más englobante y también muy poderoso.

Por otra parte, somos conscientes de que poco a poco las identidades gay-lésbico-trans, vienen generando una particularidad como objeto epistemológico y una necesidad discursiva, bien desde la crítica o bien desde las antologías literarias. Los estudios en el último siglo nos muestran que contra aquellas teorías esencialistas de la sexualidad, como la de Krafft-Ebbing, se levantan estudios y lecturas diversas como las de Michel Foucault, Judith Butler o la teoría queer, todas ellas puestas al servicio para la construcción de un corpus discursivo que repiensa los géneros y las identidades sexuales, y que le abre una puerta a la expresión de la homoafectividad. Estudios epistemológicos como el de Eve Kosofsky sirven para abrir ese “secreto” y darle una perspectiva positiva. A ese amor “que no se atreve a decir su nombre”, se lo repotencializa desde su singularidad. Los múltiples silencios a que estaba confinado ahora se hacen públicos, como en la vieja y paródica consigna: “he salido del clóset, luego existo”.

En conversaciones con amigos que han acompañado este proceso, también se nos ha preguntado si el optar por una publicación que circunscribe (en cierta forma) la poesía a la temática homoerótica no es una manera de autoexcluirse, de denostar el sujeto gay-lésbico-trans y sus prácticas “abyectas” o “invertidas”, lo que no haría más que recluirlos en su “anormalidad” o disfuncionalidad social. Ante lo cual respondemos que el interés ha sido el de mostrar el deseo de las identidades sexualmente disidentes como algo revitalizador de la existencia; de ninguna manera para propiciar el encerramiento en un gueto, sino porque sigue siendo tanto político como poético el afirmar las diferencias. Queremos exaltar la construcción de este deseo como una propuesta estética que se empodera, que conquista su lugar en la diferencia y que se niega a ser discriminada. Vale decir, desde la filosofía, que no acepta un modelo de “lo mismo” (“lo idéntico”) y su derivado discurso de la representación, sino que genera novedad en cada acto.

Esta publicación expresa la conciencia de una rebelión pero sin constituirse en un discurso ideológico. Se levanta contra el logocentrismo, el patriarcado y el modelo heterosexista,  y quiere mostrar que los sujetos lésbico, gay, trans, son seres deseantes, sociales, y no necesariamente ubicables dentro de las nociones tradicionales de género y sexo. Siguiendo la teoría queer, podemos advertir que el indagar sobre la identidad de los sujetos propicia la apertura más hacia las incertidumbres que hacia las certezas. Por esta razón, quisimos incluir voces que hacen referencia de manera explícita a los entornos trans y su lucha por conquistar sus propias formas de lenguaje. Autores como Néstor Perlongher, Pedro Lemebel y Francisco Casas, además de mantener una militancia activa a favor de la causa homosexual (el primero como miembro del Frente de Liberación Homosexual de Argentina, fundado en 1971 y los otros dos como creadores del colectivo chileno “Las yeguas del apocalipsis”, con el que desafiaron la dictadura y la cultura oficial) realizaron una obra poética que hace gala del sentir y el pensar trans y que también le crean fisuras a las líricas formales. Podríamos decir que logran constituirse como una vanguardia, sobre la que aún hay mucho que estudiar, incluso desde la lingüística, la estética y la semiología.

Para ir cerrando esta presentación, nos queda decir que, como en toda antología, hay que optar por unas obras que se inscriben dentro del marco que se ha fijado y sobre las cuales hay que hacer una no siempre deseada selección; en este caso, se hizo teniendo como criterio fundamental la riqueza lírica. Estamos seguros de que se quedaron por fuera otras creaciones pero la realidad nos pone de cara ante el hecho de que no todos los materiales son fáciles de encontrar (algunos de ellos no se han reimpreso o no circulan) y muchos aún siguen en el anonimato. Sin embargo, tratamos de rastrear con cuidado, aunque nos duele no haber tenido autores de países como Paraguay, Panamá y Honduras.

Nos resta decir que para ambientar sincrónicamente todo el universo estético que aquí se recoge, decidimos tomar como imagen para la portada una pintura de Simeon Solomon (1840 - 1905) titulada Baco. Este autor inglés – a quien Oscar Wilde llamó “extraño genio” – fue uno de los primeros que vivió de manera abierta su homosexualidad en una época en que esto no era permitido. Su arrojo no sólo le trajo varios arrestos, sino que lo llevó al ostracismo hasta su muerte. Por fortuna, su genial obra hoy es una de las que más se ha revindicado.

Finalmente, es preciso agradecer a fervientes amigos que nos apoyaron en la búsqueda de material y a autores que nos enviaron su propia selección, entre ellos están Virgilio López Lemus, Jesús Barquet, Jaime Manrique, Jairo Sánchez Giraldo… Y a Samuel López Suárez por sus traducciones de los poetas brasileros. A todos ellos, nuestra eterna gratitud.

                                                                                                                                       Omar Ardila