domingo, 13 de julio de 2014

Desde el fondo del mar hasta el planeta de Anarres


La Valija de Fuego (http://lavalijadefuegoeditorial.wordpress.com/es una editorial y librería independiente y cooperativa, con sede en la ciudad de Bogotá (en este momento, en la Carrera 7 No. 46-68). Con cerca de 2 años en el mundo editorial, ha logrado darle presencia a ciertas voces que no gozan del favorecimiento mediático, aunque sí se destacan por su particular creación al margen de los convencionalismos. Las ediciones han sabido conjugar los textos con la parte gráfica y de diseño para revivir así el apasionamiento por el libro-objeto. 
En una de esas publicaciones (La Ciencia Ficción Radical - una aproximación a la ciencia ficción desde el universo ácrata), realizada a comienzos de 2014, tuve la suerte de escribir el prólogo, el cual les comparto a continuación. La selección de los textos estuvo a cargo de Marco Sosa, quien a la vez está al frente de la editorial. 


Desde el fondo del mar hasta el planeta de Anarres

“La ciencia ficción no es sólo un género literario, sino algo más: un estado de conciencia”.
René Rebetez

Androides, inteligencias artificiales, distopías, cibermundos, seres mutantes, clones, robots, viajes extraterrestres, alienígenas, son algunos de los términos que empezaron a poblar nuestra ilimitada imaginación y a enriquecer las narrativas, desde que se insinuó la ciencia ficción como nuevo subgénero literario.

Ese juego antinómico que propone el mismo concepto “ciencia ficción” es, de entrada, la gran provocación para dejarnos envolver con la seguridad de que tendremos la novedad como compañera de forma permanente. Y con el solo hecho de recordarnos el Devenir, ya nos está preparando para instalar pensamientos al margen, por fuera de los discursos excluyentes y de las historias que ya sabemos dónde terminan.

El oxígeno que le trajo a la literatura moderna este género que nos acompaña desde hace ya más de una centuria, en muchos casos ha sido subestimado, excluido o vinculado con prácticas reaccionarias y alienantes. Pero nada más alejado de la realidad el sostener que algo que de por sí está en movimiento, imaginando otros mundos (no siempre felices), le haga el juego al conservadurismo y a la quietud que por todos los medios buscan mantener los gobiernos y los Estados. Esa imaginación desatada, puesta de revés y más allá de los límites, sin duda ha sido un poderoso motor que ha impulsado no solo los cambios tecnológicos sino también las transformaciones socio-políticas. Pero claro, no somos tan ingenuos como para desconocer que el poderío de la ciencia ficción también ha sido capturado en diversas ocasiones por el capital, con ese juego perverso que sutilmente sabe acomodarse a las más insospechadas situaciones, a través de múltiples máscaras que exaltan el desarrollo y la técnica.

Es por ello que resulta oportuna la publicación de estos dos textos que ubican a la ciencia ficción en su polo más poderoso, el que lucha por hacer una transvaloración de las relaciones socio-ambientales para instaurar un mejor hábitat en cualquiera de los mundos a donde la imaginación nos conduzca, pues no necesariamente pueden ser físicos sino también alternos, evasores de la cotidianidad.

El texto sobre la ciencia-ficción radical, se concentra en la vertiente de esta literatura que tiene una connotación popular mas no reaccionaria, la cual  continuamente se levanta contra el patriarcado, la guerra, el control y la autoridad. Y entre los varios títulos que reseña, indiscutiblemente, dirige la mirada hacia Los desposeídos (Ursula K. Le Guin, 1974), uno de los grandes clásicos que nos habla de una utopía anarquista en el planeta de Anarres.

El segundo texto, rescata a Julio Verne (un escritor usualmente asociado con la literatura de “aventuras y viajes para despertar la imaginación de los adolescentes”) y lo redimensiona como un autor que va más allá de ese ligero encasillamiento, dejándonos ver su rico caudal de reflexiones asociadas con el pensamiento libertario. Tras hacer un rastreo por sus principales obras, el autor se concentra en la obra póstuma de Julio Verne, Los náufragos del Jonathan (1909), donde encuentra la continuidad de las ideas políticas que ya había prefigurado Verne en sus anteriores obras: el gusto por los viajes a lugares sin fronteras, la encarnación del oro como una ficción que determina las relaciones sociales, la exaltación de los “medios libres” por los que luchan las pequeñas comunidades, el microcosmos de los náufragos que abogan por instaurar nuevas dinámicas sociales y la puesta en duda de las leyes y de los formalismos.

Celebramos la publicación impresa de estos dos textos, puesto que nos sigue emocionando el libro como objeto, razón por la cual hacemos nuestras las palabras de Ray Bradbury: “Me gusta tocar un libro, respirarlo, sentirlo, llevarlo… ¡Es algo que una computadora no ofrece!”. 

Imágenes tomadas de la circulación libre en la red.
   

domingo, 11 de mayo de 2014

El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein


No sé si porque amé a Wittgenstein tanto como amo a la filosofía y porque al tiempo entendí que el amor podía ser apenas una palabra desnuda, sin hueso y sin carne, o porque en el aforismo siempre he encontrado un ferviente punto de quiebre con el cual corroboro el sinsentido (que es el sentido del ausente) y con el que asisto a menudo ante la penumbra de la palabra para husmear en todos los lenguajes marchitos (excepto las paradojas); que he vuelto a estremecerme ante la palabra punzante que, enhorabuena, no supo callar. No lo sé, y es mejor no saberlo para continuar aguardando el encuentro con aquellas voces que siempre vuelven a salvarnos de ese Yo que todavía cree en la salvación, tal como me sucedió este mediodía al cruzarme con “El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein” de Fredy Yezzed, publicado en Buenos Aires en el 2012 por Ediciones del Dock. Sin duda, este es un libro que pudo haber merecido el premio de poesía del Ministerio de Cultura de Colombia en el 2007, cuando fue presentado a concurso; sin embargo, apenas recibió una mención honorífica, justificada en un comentario que deja muchas dudas sobre la cabal comprensión y aceptación de otras formas de relacionarse con la poesía, por parte de los jurados. 

Tras contar con la suerte de hallar este trabajo (que desde hacía rato quería conocer), y ateniéndome a los antecedentes afectivos ya mencionados, no podía pasar sin detenerme ante estas páginas plenas de profundidad, precisamente, por su levedad, por su dinámica de aire. Entonces, la poesía volvió a retozar en la lengua que no articula más allá del balbuceo, mientras se toma de la mano con su hermana siamesa: la filosofía; no la de las certezas, ni la de los métodos, ni la de los universales, sino aquella de las proposiciones sobre el precipicio, los bordes, las simas y el SILENCIO.

De nuevo Wittgenstein vino a la ventana con su analítica del límite, del lenguaje ensoberbecido, de la matemática y su juego perverso aunque divertido. Y enseguida volví a visualizar ese jardinero de las espinas interiores, ese pensador sufriente frente a la indisposición de Dios, ese maestro de los suicidas que olvidaron todas las palabras.

En este libro, Fredy Yezzed ha jugado una partida con la existencia, apostándole a las cartas que reivindican la palabra aunque saben que es preciso callar para escuchar el cántico de las piedras, para profundizar en la herida y para enaltecer (sin temores) el sinsentido... en fin, para ratificar el movimiento permanente de la POESÍA y su indiscutible potencia, que también se encuentra en la variación de las formas.

Les dejo una breve muestra de lo que este libro nos entrega:

1.1        La poesía es un jardín: un jardín que habla de otros jardines.
1.13      El lenguaje es la flor, dijo Mallarmé. Si esto es así, entonces, la poesía es floración: encantamiento de la flor.
2.01     Todos llevamos una manzana podrida en la carne. Eso comprueba que todos tenemos una poética negra. Una forma oscura que se oculta detrás del día.
2.014    Nadie, por experto que sea en la semiótica, podrá hablar de la humedad que causa a nuestra alma la palabra agua.
2.0231   La blasfemia, el insulto: agrietan el aire.
2.031     Ese cielo blanco no es blanco por ser blanco sino porque lo pienso puro.
2.13       Escribir poemas siempre será un eterno sonrojarse.
3.142     Callar una palabra de afecto es dejar una cicatriz en el silencio.
5.43       En algún lugar somos frontera, & frontera en algún lugar es encuentro.
5.501     También somos esa vida que nunca vivimos.
6             ¿Acaso existe un animal más fiel que la vejez?
6.111      A diferencia del cactus, mis espinas han crecido por dentro.

Fredy Yezzed

Imágenes tomadas de la circulación libre en la red