lunes, 26 de enero de 2026

Desembalo mi biblioteca 2 - Rafael Pombo


Había previsto concentrarme solamente en la lírica colombiana del siglo XX, pero no considero justo dejar por fuera la potente voz de Rafael Pombo, de quien dice Germán Espinosa en el prólogo del libro que hoy voy a compartir, que es “el romántico más encumbrado no solo de su patria, sino en general de Hispanoamérica”. Y agrega que, en la primera mitad del siglo XX, Pombo fue considerado como “el más alto poeta de nuestra historia”. 

En el año 2001, el Fondo Editorial Universidad EAFIT, en la colección Acanto, publicó Antología Poética, de Rafael Pombo, cuya selección y prólogo estuvo a cargo de Germán Espinosa. Edición de 210 páginas. 

Antes de pasar a la muestra poética, vuelvo a citar al prologuista, pues considero de gran importancia que se mire a Pombo en su real dimensión y no como nos lo han querido mostrar desde la primera infancia. Dice Espinosa: “El espíritu frívolo imperante en Colombia ha hecho que, en los últimos cincuenta años, los educandos sólo perciban su grandeza en las fábulas para niños; tampoco su patria se ha ocupado de seguir divulgándolo en el extranjero como uno de los valores sustantivos de la poesía hispanoamericana.”

De la reflexión del filósofo alemán Walter Benjamin, en el texto Desembalo mi biblioteca, extraigo la siguiente cita para continuar este diálogo con los libros que desde las estanterías me siguen inquietando: 

“En la adquisición de libros, no todo se reduce sólo al dinero o la competencia. Ni siquiera estos dos elementos bastan por sí solos para cimentar una biblioteca auténtica, que guarda siempre algo de impenetrable e incomparable al mismo tiempo. Para comprar sobre catálogo, es preciso tener también, además de lo que se acaba de nombrar, un olfato especial. Las fechas, los lugares, los formatos, los propietarios anteriores, las encuadernaciones, etc., todo esto debe hablar al comprador, y decir las cosas no asépticamente como datos aislados y objetivos, sino, al contrario, como informaciones consonantes, y él, por su parte, debe saber reconocer, en virtud de la armonía y la intensidad de la consonancia, si ese tipo de libro se ajusta o no a lo que él está buscando.” 


  POEMAS DE RAFAEL POMBO

 

LA HORA DE TINIEBLAS 

Fragmento 

Cogi tavi dies antiquos
et annos aeternos in mente habui
et meditatus sum nocte cum corde meo, et exercitabar,
et scopebam spiritum meum.
Numquid in aeternum projuciet Deus?
aut non apponet ut complacitior sit adhuc?

Salmo LXXVI

 I

¡Oh, qué misterio espantoso
Es éste de la existencia!
¡Revélame algo, conciencia!
¡Háblame, Dios poderoso!
Hay no sé qué pavoroso
En el ser de nuestro ser.
¿Por qué vine yo a nacer?
¿Quién a padecer me obliga?
¿Quién dio esa ley enemiga
De ser para padecer?
 

II

Si en la nada estaba yo
¿Por qué salí de la nada
A execrar la hora menguada
En que mi vida empezó?
Y una vez que se cumplió
Ese prodigio funesto,
¿Por qué el mismo que lo ha impuesto
De él no me viene a librar?
¿Y he de tener que cargar
un bien contra el cual protesto?
 

III

¡AIma! si vienes del Cielo,
Si allá viviste otra vida
Si eres imagen cumplida
Del Soberano Modelo
¿Cómo has perdido en el suelo
La fe de tu original?
¿Cómo en tu lengua inmortal
No explicas al hombre rudo
Este fatídico nudo,
Entre un Dios y un animal?
 

IV

O si es que antes no exististe,
Y al abrir del mundo al sol
Tú, divino girasol
Gemela del polvo fuiste,
¿Qué crimen obrar pudiste?
¿De, contra quién, cómo y cuándo,
Que estuviese a Dios clamando
Que al hondo valle en que estás
Surgieses tú, nada más
Que para expiarlo llorando?
 

V

Pues cuanto ha sido y será
De Dios reside en la mente,
Tanto infortunio presente
¿No lo completaba ya?
Y ¿Por qué, si en él esta
Del bien la fuente suprema,
Lanzó esa voz o anatema
que hizo súbito existir
Un mundo en que oye gemir
Y un hombre que de él blasfema?
 

VI

¿Cómo de un bien infinito
Surge un infinito mal,
De lo justo lo fatal,
De lo sabio lo fortuito?
¿Por qué está de Dios proscrito
El que antes no le ofendió,
Y por qué se le formó
Para enloquecerlo así
De un alma que dice sí
Y un cuerpo que dice no?
 

 VII

¿Por qué estoy en donde estoy
Con esta vida que tengo
Sin saber de dónde vengo,
sin saber a dónde voy;
Miserable como soy,
Perdido en la soledad
Con traidora libertad
E inteligencia engañosa,
Ciego a merced de horrorosa
Desatada tempestad?
 

VIII

Hoja arrancada al azar
De un libro desconocido
Ni fin ni empiezo he traído
Ni yo lo sé adivinar;
Hoy tal vez me oyen quejar
Remolineando al imperio
Del viento; en un cementerio
Mañana a podrirme iré,
Y entonces me llamaré
Lo mismo que hoy: ¡un misterio!
 

IX

De pronto así cual soñando
En alta mar sorda y fuerte
Entre la nada y la muerte
Me encuentro a oscuras bogando;
Sopla el tiempo, y ando, y ando,
Ignoro a dónde y por qué,
Y si interrogo a la fe
Y a la razón pido ayuda,
Una voz me dice «duda»
Y otra voz me dice «cree».
 

 X

Con menos alma, quizás
Sólo la segunda oyera,
O con más alma, pudiera
No equivocarme jamás:
Entonces creyera más,
O al menos, dudara menos;
Pero, a malos como a buenos
Plugo al Señor conceder
Luz bastante para ver
Que estamos de sombras llenos.
 

XI

La debilidad por guía,
La tentación por camino,
¿Es de virtud el destino
Que su bondad nos confía?
¿Es fuerza que en lucha impía
Nos pruebe el Genio del mal
Para ir a un condicional
Anhelado Paraíso?
¿Para ser bueno es preciso
Poder ser un criminal?
 

XII

Mas... ¡soy libre! y ¿para qué?
Para enrostrarme a mí mismo
EI caer a un hondo abismo
Que otro ha cavado a mi pie,
Y renegar de la fe,
Luz de mi infancia serena,
Y fiar a un grano de arena
La eternidad de mi ser,
Debiendo yo responder
De la creación ajena.

 

 

DECÍAMOS AYER... 

Sobre tema de Ella Wheeler, dedicado a mi amigo C. M. S.

 

Como Fray Luis tras de su largo encierro
«Decíamos ayer...» también digamos.
¿Han pasado años? En la cuenta hay yerro,
O nosotros con ellos no pasamos.
 

Donde ayer lo dejamos, dulce dueño.
Recomencemos. Recogiendo amantes.
Los rotos hilos del antiguo sueño.
Sigamos arrullándolo como antes.
 

Respetuosa apartemos la mirada
de tumbas que haya entre partida y vuelta.
Y si hubiere una lágrima ya helada
ruede al calor del corazón disuelta.
 

Olvidemos la herrumbre que en el oro
de la rica ilusión depuso el llanto,
y los hielos que pálido, inodoro
dejaron el jardín que amamos tanto.
 

Olvidemos el hado que hizo injusto
de nuestros corazones su juguete,
y regalemos la orfandad del gusto
con el añejo néctar del banquete.
 

¡No es tarde, es tiempo! Olvida la ígnea huella
que al arador pesar cruzó en frente.
Para mis ojos tú siempre eres bella
yo para ti soy llama siempre ardiente:
 

Llama que hoy mismo a mi pupila fría
surge desde el recóndito santuario
pese a la nieve que en mi sien rocía
el invierno precoz del solitario.
 

Mírame en estos ojos que tu imagen
extáticos copiaron tantas veces.
Allí estas tú, sin lágrimas que te ajen
ni tiempo que interponga sus dobleces.
 

Búscame sólo allí, que yo entretanto
en los tiernos abismos de tus ojos
torno a encontrar mi disipado encanto,
la juventud que te ofrendé de hinojos.
 

¡Mi juventud!, espléndida al intenso
reverberar de tu alma ingenua y pura,
con brisas de verano por incienso,
y por palma de triunfo tu hermosura.
 

¡Mi juventud!, por título divino
espigadora en todo lo creado;
nauta en persecución del vellocino
de cuanto fuese de tu culto agrado.
 

Islas de luz del cielo, margaritas
de colgantes jardines y hondos mares,
néctar de espirituales sibaritas,
soplos de Dios a humanos luminares:
 

Las miradas del sabio más profundas
y del tal vez más sabio anacoreta;
las perlas de Arte, hijas de amor fecundas;
la suma voz de todo gran poeta.
 

Esas trombas de lírica armonía,
infiernos de pasión divinizados,
en que nos arrebatan a porfía
todos los embelesos conjurados:
 

Auras de aquella cima do confluyen
Hermosura y Verdad, pareja santa,
y las dos una misma constituyen,
y espíritu de amor sus nupcias canta.
 

Buscar palabra al silencioso drama
de la contemplación, mística guerra
entre Dios, Padre amante que reclama
al eterno extranjero de la tierra;
 

Y esta madre de muerte, inmensa y bella
Venus que al par nos nutre y nos devora,
y presintiendo que escapamos de ella
con tanto hechizo nos abraza y llora.
 

Leer amor en tanta ruda espina
que escarnece a la fe y angustia al bueno.
Mostrar flores del alma en la ruina,
luz en la oscuridad, oro en el cieno.
 

La flor de cuanto existe, oro celeste,
único que halagando tu alma noble
brindara en vago esparcimiento agreste
a nuestro doble ser regalo doble;
 

Tal era mi tributo. Una confianza,
una sonrisa, una palabra tuya,
retorno abrumador, que en mi balanza
Dios, no un mortal, será quien retribuya.
 

Pero todo en redor, la limpia esfera,
el bosque, el viento, el pajarillo amable
semejaba, en tu obsequio, que quisiera
pagar por mí la dádiva impagable.
 

Aún veo sobre el carbón de tus pupilas
el arrebol fascinador de ocaso;
veo la vacada, escucho las esquilas:
va entrando en su redil paso entre paso.
 

Escucha, recelosa de la sombra,
la blanda codorniz que al nido llama
y al sentirnos parece que te nombra
y que por verte se empinó en la rama.
 

Escúchate a ti misma entre el concento
de aquella fiesta universal de amores,
cuando nos coronaba el firmamento
ciñéndonos de púrpura y de flores.
 

Esas flores murieron. Pero ¿has muerto
tú, fragancia inmortal del alma mía?
Años y años pasaron. Pero ¿es cierto
o es visión que existimos todavía?
 

Juntos aquí como esa tarde estamos,
y el mismo cielo es ara suntuosa
de aquel amor que entonces nos juramos
y hoy, en los mismos dos, arde y rebosa.
 

Ahí está el campo, el mirador collado,
el pasmoso horizonte, el sol propicio;
la cúpula y el templo no han variado.
Vuelva el glorificante sacrificio.
 

¿Y no ha herido tal vez tu fantasía
que aquella tarde insólita, imponente,
fue sólo misteriosa profecía
de este rnisteriosísimo presente...?
 

En aquel himno universal, un dejo
percibí melancólico; y al fondo
de una lágrima tuya vi el bosquejo
del duelo que hoy en lo pasado escondo.
 

Pasó... Pero esa tarde en su misterio
citó para otra tarde nuestra vida.
Y hela aquí. El alma recobró su imperio
del sol abrasador a la caída.
 

¡La tarde!, la hora del perfecto aroma,
la hora de fe, de intimidad perfecta,
cuando Dios sobre el sol que se desploma
el infinito incógnito proyecta.
 

Cuanto es ya el suelo en fuego y tintes falto,
es de ardiente el espíritu y profundo;
y abiertas las esclusas de lo alto
flotamos como en brisas de otro mundo.
 

Ve cómo el blanco Véspero fulgura,
pasando intacto el arrebol sangriento.
¡Es la Amistad!, la roca firme y pura
que sirve a nuestro amor de hondo cimiento.
 

Nadie dejó de amar si amó de veras.
Cuando en árido tronco te encarnices
con la segur, tal vez lo regeneras
si son como las nuestras sus raíces.
 

Y antes te sonará más dulcemente
templada en el raudal de los gemidos,
la antigua voz que murmuraba ardiente
la música de mi alma en tus oídos.
 

¿Han pasado años?... Puede ser. ¿Quién halla
que el Tiempo sólo arrumbe o dañe o borre?
¡Cuánta espina embotó! ¡Qué de iras calla!
¡Su olvido a cuántos míseros socorre!
 

Para los dos el ministerio suyo
fue de ungido de Dios y extremo amigo.
Te veo sagrada, y sacro cuanto es tuyo,
y como de un cristal al casto abrigo.
 

En torno a ti, y a cuanto es tuyo, encuentro
halo de luz, atmósfera de santo;
como al santuario a visitarte hoy entro
y algo hay solemne en tu adorable encanto.
 

¡Dulce es sentir que hay almas, y que aman!
Su amor – inerme el tiempo para ellas –.
Las vuelve, al Dios que férvidas aclaman,
Como Él las hizo – jóvenes y bellas.
 

Han pasado años, sí... ¡por fin pasaron!
¡Rudo tropel que atravesó el camino!
Ya, como un nubarrón se disiparon,
Y nuestro sol a reclamarnos vino.
 

¡Y ande el tiempo, y sin fin rondando siga
La fiel aguja que su afán nos muestra!
¿Qué hora marcará que no nos diga:
«Aquí os amasteis; yo también soy vuestra?».
 

En todo grato sueño nos parece
Que ya lo hemos soñado: ese es su hechizo.
Mi mejor sueño a ti te pertenece;
En ti el pasado mágico realizo.
 

Como a la aparición del rey del día,
De entre la nada lóbrega que espanta,
Brota un mundo de vida y poesía
En que todo ama y resplandece y canta;
 

Así tú para mí: foco potente.
Núcleo de una creación que he poseído,
Llegas, y en torno a ti surge esplendente
Mi portentoso hogar, y en él resido.
 

Y el corazón se me abre inmenso, en alas
De música ideal que lo acaricia;
Y tanto aroma y fuego en mi alma exhalas
Que a un tiempo vivo y muero de delicia.
 

Y tú y yo, tierra y cielo, mente y acto,
Hoy y ayer, la esperanza y la memoria,
Todo ya es uno, en inefable rapto,
Fruición anticipada de la gloria.
 

Y esa es la juventud: el fugitivo
Presagio de la eterna, que al conjuro
Vuelve de Amor, como en miraje esquivo,
A enseñarnos un bien siempre futuro.
 

¿Y el sueño cuál será? ¿La no apagada
Luz, o esta bruma efímera de invierno?
¡Ah! lo que pasa no es: es sombra, es nada;
Y no hay más que una realidad: lo Eterno.
 

Atando el hilo roto un largo instante
Sigamos, pues, llorada compañera,
Hacia atrás, y a la par hacia delante.
A nuestro gran será que hace años era.
 

Como Fray Luis saliendo del profundo
«Decíamos ayer» también digamos:
Corra el tiempo del mundo para el mundo
Nuestro tiempo, en el alma lo llevamos.

 

 

LOS FILIBUSTEROS 

Venid a conquistarnos, vosotros, heces pútridas
De las venales cárceles del libre Septentrión;
Venid, venid, apóstoles de la sin par República
Con el hachón del bárbaro y el rifle del ladrón.

Venid, venid, en nombre de Franklin y de Washington
Bandidos que la horca con asco rechazó;
Venid a buscar títulos de Hernanes y de Césares
Descamisados prófugos sin leyes y sin Dios.

Venid hambrientos pájaros a entretejer con crímenes
El nido para el águila que precediendo vais;
Venid, infecto vómito de la extranjera crápula,
Con la misión beatífica de americanizar.

Venid, dignos profetas, campeones beneméritos
De vuestra sacratísima divina esclavitud;
Venid, héroes de industria, presente filantrópico
Del Septentrión prospérrimo a su pupilo el Sud.

Venid, robustos vástagos del tronco anglosajónico
Disforme, inmenso, atlético, gigante, colosal,
De entrambos mundos árbitro y su infalible oráculo,
Colmo primero y último de perfección cabal.

Él os confió su lábaro y su creador espíritu,
Y para un nuevo Génesis pleno poder os dio
Mostrando entre los trópicos a vuestros ojos ávidos
Un trono sin un déspota, un cielo sin un dios.

Y os dijo: «Ved meciéndose entre los dos Océanos
Ese turbante mágico de un oriental Señor,
Cuajado de diamantes, rubíes, perlas, záfiros
Macizo de oro y plata reverberando al sol.

Esa es la ardiente zona de la buscada América,
De la India el amoroso, fecundo corazón,
Del cinto de la tierra el broche opulentísimo,
Promesa de un futuro de plenitud y amor.

Es el jardín robado de la Pagana Fábula,
El por Adán perdido y hallado por Colón,
De un épico avariento el sueño mitológico,
Arca repleta siempre y abierta a la ambición.

Allí despliega el cielo magnificencia insólita
Y es la tierra su virgen en esplendor nupcial,
Y el hombre, de placeres en un banquete opíparo
Es feliz porque vive, no necesita más.

Allí el poeta duerme sobre la inútil cítara,
Y si vigila o sueña no sabe distinguir:
¿Qué son bajo ese cielo sus invenciones pálidas
Si es el mayor poeta naturaleza allí?

De leche y miel cargados allí veréis los árboles,
Y con cortezas de oro sus troncos blanquear,
Y oro doquier, depónenlo hasta los mismos pájaros
Y se alza en archipiélagos sobre el azul del mar.

Volad a esa áurea cuna colgada entre los trópicos
Do el porvenir del mundo se mece infante ya;
Entrad con el ropaje de inofensivos huéspedes
Llevando el rifle cómodo y el pérfido puñal.

Espiad la hora propicia, y a una señal del águila
La empresa de exterminio sin lástima empezad,
Y sobre los cadáveres del posesor estúpido,
La Roma del futuro en nuestra pro fundad».

¡Avante pues, apóstoles del código novísimo
Que al código de Cristo sustituyó el Sajón!
¡Proseguid honorables, dignísimos diplómatas
Del hado manifiesto del mundo de Colón!

¡Avante bandoleros! la pobre Centro América,
Cadáver que dejaron veinte años de furor,
Os va a enseñar qué vale cierta palabra mágica
Y oiréis por vez primera vosotros esa voz.

¡Honor! esta palabra levantó más de un Lázaro;
Con ella un hombre, él solo a siete mil venció;
Por ella los puñales que fratricida cólera
Manchara, saldrán limpios de vuestro corazón.

¡Entrad! ya del naranjo tras la fragante atmósfera,
Cual su hálito pestífero el whisky os anunció.
¡Bebed! el que os inspira conforte vuestro espíritu;
Él es vuestro entusiasmo, él es vuestro valor.

Seguid, y a sangre y fuego talad cinco Repúblicas...
Dad al infierno escándalo, a Satanás horror...
...Mas ¡ay! pueda yo un día contemplar dos cadáveres
Cartago y sus piratas, vosotros y La Unión.

Para lavar el mundo, cloaca hirviente y fétida,
Volcó el Diluvio encima la cólera de Dios:
Que os lave uno de sangre, y en su pureza prístina
Surja flotando el arca que Washington firmó.

 



miércoles, 21 de enero de 2026

Desembalo mi biblioteca 1 - Rogelio Echavarría


Edición del Instituto Colombiano de Cultura - COLCULTURA, 1977


Como un homenaje al poeta, antologador y periodista Rogelio Echavarría, de quien se conmemora en 2026 el centenario de su nacimiento (Santa Rosa de Osos, 27 de marzo de 1926) me propongo realizar un ejercicio de diálogo con mi biblioteca. Siguiendo el camino esbozado por Walter Benjamin en su texto
Desembalo mi biblioteca, intentaré ejercer una práctica de aproximación a esos libros que han encontrado la verdadera libertad en las estanterías de una biblioteca, esto quiere decir, que no están sujetos a la voluntad de un catalogador, ni al encerramiento en un cuarto al que acuden pocos visitantes, pues saben del vuelo inacabable que habita entre sus páginas y por ello establecen sus propios diálogos, a los que, como poseedores y coleccionistas, a veces logramos sumarnos.

El propósito es compartir algunos de esos libros, junto a una breve selección de sus poemas. Las descripciones biográficas aparecerán enlazadas al nombre del poeta. Quienes quieran consultarlas serán llevados a otra página externa al blog. La idea es hacer alusiones a los libros y los poemas.

En esta etapa me concentraré solo en la lírica colombiana, siguiendo la ruta de las investigaciones que emprendiera Rogelio Echavarría. Para comenzar lo haré con el mismo autor homenajeado, Rogelio Echavarría.



Edición del Fondo Cultural Cafetero, 1984


Selección de poemas


A la lluvia

Demonio de la lluvia –látigo de lujuria–
no rompas con tus dientes vidriosos el abrigo
del tibio pecho, lo único tibio del humilde;
no nos traigas el frío de la tan alta nube,
no persigas al perro sin puerta con tus piedras,
no rompas el pulmón del obrero que canta
siguiendo el pie descalzo de sus hijos sin cielo,
no mancilles las barbas secas del pordiosero,
no llegues hasta donde no pueden evitarte.

Deja tu voz pluvial para el cultivo de los ríos,
para la faz de las persianas donde hay dueño,
para el paraguas, que es tu flor arcaica.

Demonio-dios, que envidias y que amas
las multitudes y caes ruidoso sobre todos,
disuelve ya a Babel y permite que asome
el sol como un henchido seno de leche pródiga.


Lugar común

Ya que no todos podemos ser
poetas
comprender lo sublime
o exaltar lo sencillo
hablemos francamente
confesemos nuestro fracaso
de hombres sin alas
de hojas muertas en el estío
nuestros empeños ciegos
sin metáforas vanas
nuestra identificación con todos
o con casi todos
y si alguien nos entiende
y fecunda nuestra impotencia
eso también es poesía
o por lo menos una gota
en la sed del infierno
cotidiano.


De mi diario

Otro día perdido…
¡Y la eternidad intacta!


No olvidan nunca su canción

                                               A José Manuel Arango

No olvidan nunca su canción
los pájaros
no aplanchan ni rebrillan su vestido
no cambian de nido por los malos vecinos
no inventan nuevos picos para el amor
no se cansan de la misma compañera
no rompen nunca la rama en que se posan
no lucen hoy el ojo limpio del amigo
y mañana el turbio del enemigo
no enseñan a volar a sus polluelos
sino que los empujan tiernamente a las nubes
no necesitan más sabores que los del agua pura
o el de las frutas a la carta en sus gajos
Dios hizo el maná para ellos y se contentan
con briznas de hierba o espaguetis de lombricillas
no se persignan porque nacieron benditos
no se enferman ni amanecen enguayabados
aunque duerman en un guayabo o en un borrachero
no usan despertador ni padecen de insomnio
nunca se quejan de su fragilidad
ni les temen a las aves de rapiña
sino que juegan inocentemente con ellas
aunque siempre salen perdiendo
tampoco huyen de los cazadores
porque creen como los niños
que las armas son de juguete
no cambian de color ni de bandada
no cumplen años ni van a entierros
no usan brújula ni almanaque
pero son los pregoneros del día
los emisarios de la primavera
jamás pierden el equilibrio
a nadie humillan con su feliz indiferencia
no protestan por los cambios del tiempo
aunque el frío los atortola
y siempre celebran con el aplauso de sus alas
el telón del crepúsculo
no lloran ni ríen pero tiemblan y arrullan
tampoco les cansa el viento
ni los destiñe la lluvia
no saben que las patrias separan en la tierra
lo que une el cielo
ignoran la existencia de los poetas y los filósofos
y que todos ellos viven de sus plumas
se acuestan sin ver la televisión
después de leer todos los paisajes
y prefieren olvidar dónde
dejaron su tumba en el aire.


Ved

Ved al ciego que va voceando su haz de prensa
y a su pequeña hija miseranda, engendrada
la misma noche que hoy tiene diez años.
(Todos engendramos nuestros lazarillos).
Vedlo
vendiendo luz a los que pasan
por un valor de cobre de rutina.

De las floristerías sale un olor a muerto
mas él conoce sólo la tez de los jazmines
que riega la pequeña en su jardín errante;
y el pulso que adivina las piedras del camino
pide, torpe, a los cielos su última moneda.

En esta encrucijada en que se anuda
el tránsito en urbano remolino,
los dedos de la niña tejen el verde paso
y, náufrago en los hombros de los rudos peatones,
el ciego les perdona a los hombres no verlo,
mientras sigue buscando sus pupilas caídas
entre el polvo de estrellas sin distancia.


El transeúnte

Todas las calles que conozco
son un largo monólogo mío,
llenas de gentes como árboles
batidos por oscura batahola.
O si el sol florece en los balcones
y siembra su calor en el polvo movedizo,
las gentes que hallo son simples piedras
que no sé por qué viven rodando.
Bajo sus ojos —que me miran hostiles
como si yo fuera enemigo de todos—
no puedo descubrir una conciencia libre,
de criminal o de artista,
pero sé que todos luchan solos
por lo que buscan todos juntos.
Son un largo gemido
todas las calles que conozco.



Edición de Colección de autores antioqueños, 1992

viernes, 26 de septiembre de 2025

Regresar a la tierra de alegrías

 


A continuación comparto la presentación que realicé para Regresar a la tierra de alegrías - antología poética de Ángel Sierra Basto, el primer título de los Cuadernos Laboyanos de Literatura. Los editores de este cuaderno fueron Leonor Valencia y Esmir Garcés.

Proemio

Me complace presentar el primer volumen de los Cuadernos Laboyanos de Literatura y contribuir con ello, al rescate de las voces que desde el sur del Huila han aportado al enriquecimiento de las letras nacionales. Agradezco la invitación que me hicieron para seleccionar y presentar la obra del poeta Ángel Sierra Basto, seudónimo del laboyano Víctor Manuel Cortés Vargas, quien no solo se dedicó a la escritura de poesía, sino que también se desempeñó como gestor cultural y cívico, columnista, narrador y asesor jurídico y político.  

Dimensiones, editado en 1963 por INTERCOL, talleres de la Imprenta Departamental del Huila, fue el único libro que se publicó en vida del poeta, sin embargo, un buen número de sus otras creaciones líricas fueron difundidas en revistas, periódicos, antologías y, póstumamente, recogidas por la hija y el nieto del poeta, Inés del Rosario Cortés Rincón y Andrés Óliver Ucrós y Licht, en el libro Vida y obra del poeta papelípola Ángel Sierra Basto – Xenias & Apophoretas de Menein Laos (2021). Este último es el que utilicé para hacer la presente selección poética, aunque no seguí la estructura que los autores elaboraron, sino que dividí el libro en dos partes: en la primera, se encuentran los poemas del libro Dimensiones y en la segunda, los demás textos que fueron publicados a lo largo de la vida del poeta y los que quedaron como inéditos, que se recogen en la obra póstuma, citada anteriormente. 

Junto a los Papelípolas, el importante grupo de vanguardia literaria que surgió en el Huila a finales de la década de los cincuenta del pasado siglo, en sus noches de bohemia y ensueño, conoció y se dejó imbuir por las voces de clásicos, modernistas, autores malditos y algunos vanguardistas de Latinoamérica. Sin duda, el haber hecho parte de los Papelípolas le abrió el mundo en perspectiva creadora para poder desplegar las múltiples inquietudes, que ya lo acompañaban desde los primeros años de su juventud. Por medio de la poesía quiso encontrar equilibrio frente a las múltiples inquietudes filosóficas, místicas y científicas que lo invadían, así como consuelo ante la soledad angustiosa, la desadaptación y la rebeldía, que de a poco se fueron manifestando.

Entre su producción poética se pueden encontrar textos con un tono escéptico y a la vez crítico; reflexivos y cuestionadores de la cotidiana realidad, a la que responde con la creación de otros ambientes, en los que aflora su novedoso universo poético. Hay horas como pulpos, Nesciencia y La verdad metastable, son poemas que sorprenden por su certera declaración de extrañeza en el mundo: se siente como un “enano cefalópodo” angustiado por el paso de las horas, que avanza “tremante de espasmos, por caminos ignotos” y se deleita optando por una “conducta de ´mala fe absoluta´ para cumplir con su propósito de “nihilizar lo básico de toda realidad”.

Por otra parte, en poemas como Noesis y Este árbol, da cuenta de su inquieta búsqueda espiritual desde su temprana juventud en las selvas colombianas hasta el encuentro presentido con el oriente, donde posee un palacio, dialoga con sultanes, estudia con fervor el Korán y cumple sus obligaciones religiosas en la Kaaba. Pero las historias de esas inolvidables noches, con vinos espumosos y elixires opiáceos, lo van llevando al agotamiento, al punto que se dispone para el despojo continuo según los principios del Buda.

La inquietud ante la muerte es otro de los temas capitales en su obra, ya esbozado en su libro Dimensiones y profundizado en los últimos poemas, donde se prepara para el encuentro con la Nada y se va despidiendo de sus amigos, de su esposa y de sus lugares amados. Ante la muerte se muestra inquieto, sin embargo, exhibe con convicción las certezas que le ha dado la vida. Ahora es consciente de la finitud del ser, pero sabe que deja el legado de su palabra y que aún quedan los paisajes, siempre amables, que lo han extasiado y ha podido compartir con quienes aún tienen tiempo para contemplarlos. Y aunque parece experimentar cierto desdén por la partida, no olvida que en “la alegre danza de la despedida” también hay “una triste evocación de la alegría”.

Un aspecto importante que también está presente en la obra de Ángel Sierra Basto, es su juicioso trabajo con el lenguaje. Por un lado, hay una exploración que evoca composiciones medievales, como sucede en el poema Rimas Rúnicas, estableciendo un recorrido por el alfabeto y dedicándole un verso a cada palabra: “Álgido amor, ascidio, astrolabiado / (…) labio libelular, lengua lasciva”. Esta búsqueda lo acerca, en cierta forma, a las exploraciones de León de Greiff y lo ubica en la vanguardia literaria de los años sesenta. Por otra parte, apela constantemente al uso de un rico léxico, erudito en muchos casos, con complejos términos de lenguajes científicos, mitológicos o filosóficos. Asimismo, gusta de otorgarle nuevas funciones a las palabras, como verbalizaciones de sustantivos o nominalizaciones de verbos.    

Finalmente, quiero destacar el permanente vínculo con el territorio huilense, que está presente a lo largo de toda su obra lírica. Estos poemas son recogidos en la edición póstuma de 2021, bajo el acertado nombre de Geografía poética de mi tierra. Son poemas que exaltan las virtudes de un territorio, que evocan con nostalgia esos momentos en que el asombro y la contemplación lo impregnaron de vitalidad y ensueños, y que lo invitan constantemente a regresar a la tierra de alegrías, su amada Laboyos, “donde se bebe miel sobre los pétalos / con frenesí de esencia de las horas / y una embriaguez de frutos en la sombra”.    

Omar Ardila, 2025


Los dejo con tres poemas que hacen parte de la antología:


HAY HORAS COMO PULPOS

 

La realidad de enano cefalópodo

mimetizada su virtud cobarde.

Allí donde la playa es más amena

hinca el pico ganchudo, con alarde;

vomita fango pútrido, envenena,

y valida mi tesis con su insulto:

Hay horas como pulpos.

 

Hay horas como pulpos,

como los pulpos que venció Girard

bajo la roca de ‘quien-duerme-muere’.

Horas del angustioso resbalar

por las ciegas callejas de Spleen.

Hay horas como pulpos

con lascivos tentáculos de envidia.

 

Relajada se encuentra toda fibra

de la mano de Dios, que se apretaba

sobre el volante rojo del propio corazón.

No se encuentra su rostro en la derrota

ni presta fuerzas al vivir cansancio;

con su propia intuición,

sabe la vida a lúpulo:

Hay horas como pulpos.

 

El agua clara de la propia vida

con colorantes fétidos se tiñe.

Es el cansancio laxitud del alma

y es ira, y es fastidio y es dolor.

Abraza el hectocótilo de valvas

del amigo traidor en el saludo

y hay horas como pulpos.

 

Horas con todo el equilibrio roto,

Dios escondido y Cristo más remoto.

Es el día en que ataca el cefalópodo,

es el obrar pegado con la duda

y el homicidio del que a nadie culpo

si no sabe esperar cual manda Buda

porque existen las horas como pulpos.

 

ESTE ÁRBOL

 

Este árbol pertenece a los mágicos cuentos

del sultán que mataba, cada noche una esposa,

es carente de brazos en que enreden los vientos 

y en la melancolía tibiamente reposan.

 

Entre las verdes cintas que forman su follaje

no se hospedaron duendes ni laureles ni flores;         

pero sí los nidales de azul sietecolores

y en el verdor del cono hallaron su hospedaje.

 

Como una nave cósmica el árbol se levanta

y su corteza tiene la droga del dolor;                           

y sus cintillas verdes lloran pero no cantan  

-parece que encarnaran lo triste de un amor-.

 

Frente al parral que adorna mi casa campesina

tres corpulentos sauces se disparan al cielo.

En su quieta tristeza el sol los ilumina:

Hieráticos guardianes de sueños y anhelos.

 

Quiero que el sauce triste mi sepultura guarde,

que su inmensa nostalgia sea el símbolo que diga:

que transité el camino hasta entrada la tarde

y me fui sin deberle cosa alguna a la vida.


REGRESARÉ

                                                            

Y deseo regresar hacia Laboyos 

en mi busca del ritmo de la vida

porque la luz y sombra anhelo fueron

y amo la flor en fruto y la semilla.

 

Porque quiero un remanso de guaduales

y las aguas con ámbar diluido

y la unidad del río con el paisaje

y el cielo en mis poemas presentido.

 

Porque busco de amigo al artesano,

al ebanista, al dueño de la tienda,

al del chircal, al jornalero raso

y al que enseña los potros a la rienda.

 

Porque admiro al labriego en su parcela

y la alfarera modelando el cántaro,

al curtidor de pieles, al vaquero

y lavanderas de flexible brazo.

 

Porque me hastié de ceremonia y rito

de inclinación y de rendir ofrenda

y comprendí que sólo en Pitalito

la dignidad humana vive enhiesta.

 

Regresar a la tierra de alegrías

donde se bebe miel sobre los pétalos

con frenesí de esencia de las horas 

y una embriaguez de frutos en la sombra.

 

*  *  *

 

La canción del amor viene al oído                                    

saliendo de las razas campesinas

y se apaga la sed de los sentidos

con sólo retozar en las colinas.

 

Regresar hacia el aire con perfumes

y el familiar abrazo de los ríos

donde el color desde el jardín fluye

y es la floresta de colmena y trino.

 

Y es cumplir las palabras de Mahoma

abandonado al laboyano hechizo,

vivir entre belleza, paz y aroma

¡sin salir otra vez del paraíso!


Ángel Sierra Basto


Foto tomada del libro Vida y obra del poeta papelípola Ángel Sierra Basto – Xenias & Apophoretas de Menein Laos (2021) 

Ángel Sierra Basto, seudónimo de Víctor Manuel Cortes Vargas, nació en Pitalito en 1923 y falleció en Neiva en 1992. Fue poeta, narrador, asesor jurídico, político, periodista, minero y gestor cultural y cívico. Hizo parte del grupo literario y cultural Los Papelípolas, fundado en el Huila hacia 1958 e integrado, además, por Gustavo Andrade Rivera, Rubén Morales, Luis Ernesto Luna, Darío Silva Silva y Julián Polanía Pérez.

Ejerció diversos cargos públicos, entre los que se destacan: alcalde de Gigante, juez civil del circuito en Pitalito y Florencia, concejal de Neiva, secretario de la Asamblea Departamental del Huila, secretario privado de la presidencia del Senado, director administrativo y financiero de la oficina de juicios fiscales de la Contraloría General de la República en Neiva, inspector de trabajo y jefe de personal de obras públicas del Huila.

En 1960 organizó el Archivo Departamental del Huila y en 1962 ayudó en la creación de la Fundación Jorge Eliécer Gaitán y la Asociación Centro Recreacional Popular Club Cívico del Huila.  

Publicó en 1963 el libro Dimensiones. Algunos de sus otros poemas se divulgaron en revistas y en diversas antologías. Su obra completa fue compilada y editada póstumamente por la hija y el nieto del poeta, Inés del Rosario Cortés Rincón y Andrés Óliver Ucrós y Licht, bajo el título Vida y obra del poeta papelípola Ángel Sierra Basto – Xenias & Apophoretas de Menein Laos (2021). También fue columnista en el semanario El Debate y en el Diario del Huila.