viernes, 28 de mayo de 2010

Tierra de Nadie, de Salim Bellem



Salim Bellem fue un inagotable caminante que pasó por nuestro país y encontró su última estancia en este espacio. A finales del 2006, pocos meses antes de su partida, tuve el placer de conocerlo y compartir una conversación en torno a su poemario, Tierra de Nadie – Monjes, moscas y mariposas. Debido a la profundidad de su trabajo y la sutileza del mismo, he querido rescatar ese texto para compartirlo con mis lectores e invitarlos a conocer su obra. Salim nació y vivió hasta los veinte años en el Líbano, luego partió a buscar nuevos aires en Francia donde adoptó el francés como su segunda lengua, y desde 1998 arribó a nuestro territorio.
El constante periplo por tan disímiles escenarios le sirvió para afianzarse en su creación literaria, la cual ha tenido una dedicación casi exclusiva a la forma del haikú – también ha escrito algunos cuentos que serían publicados en Francia en 2007 –. Su primer libro de haikús, Escalera rota, fue editado en francés en el año 2004. En mayo de 2006, publicó con la editorial Trilce, un libro en español llamado Tierra de nadie, el cual tiene por subtítulo: Monjes, moscas y mariposas. La obra está compuesta por 181 haikús, a través de los cuales nos invita a indagar de manera consciente en todos los instantes que componen la existencia, pues todos los considera trascendentes.
Luego de leer su trabajo Tierra de nadie, sostuvimos el siguiente diálogo:

¿Cómo surge su interés por el haikú?

Descubrí el haikú en el verano del año 1997 durante un retiro zen en el Templo La Gendronnière, en Francia, a través de la lectura fortuita de Basho, un monje y poeta japonés del siglo XVII. Encontré este libro por casualidad sobre la mesa de la biblioteca del templo. En aquel tiempo, tenía un diario al cual traté de incorporar unos haikús personales, pero esta experiencia me demostró mi incapacidad, mi inmadurez, para este tipo de escritura. Fue hasta el año 2003 cuando volví de repente, sin premeditación, al haikú, en francés que es mi segundo idioma después del árabe, a los pocos años de haberme establecido en Colombia. Esta vez, me sentí mucho más en fase con lo que surgía sobre mis cuadernos de bolsillo. La correspondencia entre mis estados interiores y el paisaje exterior era más obvia y fluida. A finales del año 2004, bajo la instigación de mi maestro y de unos compañeros de práctica, me atreví a lanzarme tímidamente al haikú en español. Poco a poco fui cogiendo confianza, a pesar de mis limitaciones en este idioma, tratando de transformar mi debilidad en fuerza e ir directamente hacia lo esencial, sin artificio, hacia la pura emoción del instante.

¿La forma poética del haikú es la única que le interesa explorar o piensa utilizar otras posibilidades en el futuro?

La experiencia del haikú, por su brevedad, su despojamiento, su suspensión del sentido, su reducción, es casi una experiencia del grado cero de la escritura, es casi un acto de fe. Basho decía que el haikú es lo que ocurre en este momento en este lugar y agregaba que lo que no es más que un pino apréndelo del pino, lo que no es más que un bambú apréndelo del bambú. Se puede volver como una pasión exclusiva, una mística del instante, sin finalidad, sin pretensiones, aparte del hecho de sentir y transmitir el asombro de los sentidos. Kyoshi, poeta moderno del haikú, decía que cada cosa que veía es un haikú. Kito, otro poeta del haikú, decía que cada cosa que veía es un milagro. La tentación de casarme con el haikú es real. Sin embargo, tengo un diario intermitente en francés, escribo también cuentos breves y otras formas de poesía.



¿Dado que los haikús retratan momentos fugaces, de corta duración, también es corto el tiempo que usa para escribirlos o tiene una disciplina especial para sentarse a revisarlos y corregirlos?

No hay reglas en este sentido. Todo depende de la situación y del estado mental del poeta. Transmitir lo fugaz puede necesitar muchas semanas de gestación, o surgir en menos tiempo que una respiración, sin que el uno u el otro sea garantía de autenticidad o de cualidad. El haikú, generalmente, pide ser pulido como un diamante, contraído, formateado, pasa por varios avatares antes de terminar en una caneca o quedar plasmado en un libro. Tengo como actitud que sí el poema resiste a lecturas repetidas en el espacio y en el tiempo, sin osificarse, sin perder su energía vital, merece ser seleccionado. Al final de cuentas, el poema está compuesto por palabras moribundas, acostadas en el lecho de una página, y solo la mirada del lector lo puede resucitar.
Por otra parte, el haikú no necesita ninguna disciplina especial aparte de la atención, de la observación, de la disponibilidad y de la sinceridad. Se puede escribir en cualquier lugar, en plena luz o en la noche oscura, en el baño o en la calle, acostado, sentado o de pie. Después de un cierto tiempo de impregnación por esta forma literaria, a veces escribía al momento de despertarme en plena noche cuando la mente está libre de cualquier preocupación.


En Tierra de nadie hay muchas referencias a la vida de la comunidad zen, y el libro tiene una dedicatoria al maestro y a los compañeros de dicha comunidad ¿Qué tanto ha influido esta experiencia espiritual en la escritura de su libro?


Es difícil contestarle esta pregunta. Entre la práctica asidua de la meditación zen y la vida común y corriente, no hay fronteras delimitadas, no hay categorías. Hay más bien una retroalimentación recíproca. El zen aguza los sentidos y la atención a cada momento. El haikú reclama lo mismo. Se complementan e interactúan. Pero no puedo decir cual es la influencia del uno sobre el otro. Mi experiencia del zen es concomitante con el haikú ¡No se si hubiera escrito haikú sin la práctica del zen, o si hubiera escrito diferentemente! Con respecto a mi, la pregunta queda suspendida en el aire. Pero muchos haikistas, en Japón hoy en día como en Occidente, escriben haikús sin conocimiento del zen, y escriben bien. Sin embargo creo que el haikú, para ser logrado, necesita una dimensión sagrada, una cierta verticalidad, para no caer en lo banal, en la pura descripción. Taisen Deshimaru que era el monje japonés que difundió la práctica del zen en Europa a finales de los años sesenta, decía que el zen es la religión de antes de las religiones, despojada de todo dogmatismo, la religión de lo natural y de lo directo, a través del propio cuerpo y mente. Yo diría también que el haiku es la poesía de antes de la poesía, la poesía de la primera aparición de las cosas, sin intelecto ni dualismo, cuando un árbol venerable es percibido como una catedral vegetal, sin ningún plan de arquitectura, cuando una mañana es la primera mañana. Pero esta dimensión sagrada, en el haikú, no debe ser explícita, mostrada, designada, debe estar contenida en el haikú como el germen en la fruta.
Ahora por lo de Tierra de nadie, se trata de un relato directo de la experiencia zen a través de los sentidos, en un templo de las afueras de Bogota, cerca a Cachipay, con su jardín, su sala de meditación, sus dormitorios, su cocina, sus habitantes, sus duchas, su clima, sus paisajes y sus alrededores. Lo dediqué a mi maestro y a mis compañeros porqué fueron los sujetos principales de los haikús, pero el libro está abierto a cualquier lector sensible al arte del haikú, y los pocos términos del zen que uso están explicitados en un glosario al fin del libro. Me esforcé para que este libro no sea hermético y oscuro, más bien lleno de luz y de encantamiento. No tiene puntos de vista, pero sí puntos de visión.


Los animales y las plantas son presencias constantes en su libro—como ejemplo de vida en armonía—mientras que el hombre aparece muy poco ¿Cómo ve al hombre en el proceso de convivencia con las otras especies?

Sí, plantas y animales son presencias constantes en el libro porqué lo son también en el templo y en su jardín, especialmente las criaturas pequeñas como los mosquitos, las hormigas, las moscas, las mariposas y las pulgas. Son invitados y huéspedes permanentes a la práctica de la vida, nuestros compañeros de cada día, que nos incomodan o nos encantan según el momento. El subtitulo de Tierra de nadie es Moscas monjes y mariposas. Puse los monjes entre las moscas y las mariposas, entre lo que atrae y lo que rechaza, lo que agrada y lo que desagrada, lo bueno y lo malo, según nuestros conceptos humanos. Pero todo lo que vive está invitado a la fiesta de vivir, independientemente de nuestras apreciaciones y nuestras categorías. Eso es lo que enseña el budismo y que la ecología, hoy en día, va poco a poco adoptando. El hombre no es separado del resto de la creación, todo es interdependiente. En el Génesis, Dios dio su bendición a todo lo vivo y dijo al hombre. “Creced y multiplicaos, y henchid la tierra…y dominad a los peces del mar y a las aves del cielo y a todos los animales que se mueven sobre la tierra”. Este derecho de dominación, aplicado a la letra y no en el espíritu, nos llevó a muchas catástrofes, y hoy en día el hombre se siente ahogado por su propia obra y esta tomando conciencia de la necesidad del cambio. La práctica del zen, como otras prácticas espirituales autenticas, nos reconcilia con la naturaleza, es decir con nosotros mismos. Debemos transformar nuestro derecho de dominación en un deber de responsabilidad, tomando en cuenta la biodiversidad y la fragilidad del ecosistema.
En el templo zen de Cachipay, los dormitorios están ubicados en las mezanines encima de la sala de meditación. Había antes cortinas en la sala y no en las mezanines. Muchos pájaros se golpeaban en las vidrieras de las mezanines y caían como festín al gato perezoso del templo que los esperaba al pie de los muros. El maestro decidió subir las cortinas a las mezanines y dejar la vidriera de la sala de meditación desnuda. Ya no se golpean más los pájaros en las mezanines. Todos quedamos satisfechos, hombres y pájaros, y la convivencia se mejoró. No preguntamos su opinión al gato del templo. Le tocó simplemente recobrar su instinto de cazador.


Éstos son algunos haikús que hacen parte de Tierra de Nadie:



Sólo un puente
para cruzar el río
el arco iris



Próximo a morir
el naranjo torcido
aún florece


Su ala rota
la mosca pide lección
al saltamontes


Sala inmóvil
el silencio ondula
con el incienso


En la vastedad
¡el eco de qué pared
se me devuelve!

1 comentario:

franfor8 dijo...

Apreciado amigo Ardila:

Ante todo, fue muy grato conocerle anoche durante la excelente presenta-cion de tu libro de poemas "Corazon de Oto~no" en Luvina, La esquina cultural.

Ademas, te agradezco mucho el envio sobre el escrito de "TIERRA DE NADIE de Salim Bellem. Trabajo realmente complejo para el facilismo que caracteriza nuestra tematica de escritura literaria.

Espero volver a reunirme contigo en
la Esquina Cultural pronto.

Abrazo grande,

F. Forero
Cordial Abrazo,