jueves, 7 de abril de 2016

La poética de Jáder Rivera


Nada me ha resultado más apropiado para revivir una de mis lecturas de formación (la obra de Gastón Bachelard) que recorrer los poemas de Jáder Rivera Monje, publicados en la revista Exilio No. 26, bajo el título, “Todo el silencio”.

En efecto, con esta poética de los elementos, he vuelto a dirigir la mirada hacia las imágenes de la materia y de nuevo la ensoñación poética ha adquirido perspectiva creadora. Aquellas materias que circulan fluidamente en los poemas de Jáder, nos piden ser imaginadas en profundidad, en la intimidad de la sustancia y la fuerza. 
  
De nuevo la conciencia de la imaginación imaginante, sale al paso y nos propone una reapertura psíquica, incluso hacia la voluntad de lo irreal: esa potencia del sueño que dinamiza la vigilia y que viene en la sorpresa de la imagen literaria.

Bordear la intimidad de la materia (el espacio afectivo que habita en su interior) nos aproxima a su levedad, a la conciencia de su instantaneidad que funciona con la misma intensidad en la acción y en el repliegue. Dice el poeta:  

Si se cae, en el bosque,
una sola hoja suelta de tristeza y espanto,
una hoja sola en el viento,
y la escucho,
la escucho desde el fondo del alma caer…

Hay, pues, una resistencia en la palabra de Jáder, como la resistencia de la tierra que se niega al despojo del tiempo horizontal, como el ensueño de la voluntad y del reposo. Y hay una confianza, una apuesta por la transparencia que sólo da el silencio, el despojo de sí para volver en el tiempo de los elementos imperecederos:  

Señor Dios,
vacíame de mí
y lléname todo de ave,
de tierra,
de viento,
de cielo.


Los invito a leer una selección de esta poética esencial en estos tiempos de abandono.


SI SE CAE UNA HOJA EN LA NOCHE

Si se cae una hoja en la noche,
una hoja sola que nadie escucha.
Si se cae y sólo yo, en la casa de mi padre,
abro los ojos y grito…

Si se cae, en el bosque,
una sola hoja suelta de tristeza y espanto,
una hoja sola en el viento,
y la escucho,
la escucho desde el fondo del alma caer…

¡Cuánto dolor de sombra,
de abandono, de infinita indefensión de hombre!
¡Cuánta falta de Dios
y de arrojarse llorando a sus pies!...

Si se cae una hoja en la noche,
una sola hoja que nadie, 
solo mi oído escucha,
qué más pedir sino piedad:
¡Piedad para la hoja que cae, oh Bosque de Sombra!
¡Piedad para el que abre los ojos y grita!


SEÑOR DEL SILENCIO

Señor del silencio,
Señor Dios de la hoja
que habla
cuando sopla el viento.

Señor Dios del árbol,
de la raíz,
del tronco,
del ave en la distancia
y su cielo.

Señor Dios,
ten compasión de mí,
salta sobre mi pecho,
desgarra mi garganta,
bebe mis sesos.

Señor Dios,
vacíame de mí
y lléname todo de ave,
de tierra,
de viento,
de cielo.

Que muerto de mí
crezca sobre mí el pasto.
Que muerto me quepa
en el alma
todo tu silencio.


PROMESA

En las montañas, entre los árboles más jóvenes
allí lo haremos.
Cuando caiga la noche
y la luna de plata cante sobre la cerca caída,
lo haremos.

Allí lo haremos mientras el viento barre las nubes pesadas
y cae a tus pies uno que otro lucero.
Allí lo haremos en la vastedad de las noches profundas
que mueven portentosos oleajes de hojas.
Allí lo haremos junto a los húmedos bosques;
lo haremos después de la lluvia,
aquí mismo sobre estos húmedos helechos;
lo haremos aquí o allá,
en esa ciudad lejana que hierve en la noche,
en una alcoba cuya ventana dé al cielo.

Y tendrás todo el verdor del mundo en un abrazo,
todas las aguas limpias de los arroyos en un beso.
Lo haremos limpiamente,
como dos guerreros dispuestos a la guerra;
dulcemente,
como dos niños que juegan al amor y se aman.
Lo haremos una y mil veces,
hasta que el cuerpo se desplome sobre las jóvenes  hierbas,
hasta el fin,
hasta matar esta muerte,
hasta matar esta agonía que nos agobia el alma
y nos nubla los ojos de pesadillas y eternos problemas.
Lo haremos sobre los lechos de los ríos,
cuando los ríos recojan sus cauces
y quede la arena blanca y ardiente,
poblada de bellas horas y de soles.
Lo haremos en los estanques de agua,
bajo la dulce penumbra de las cavernas;
lo haremos a la orilla de los caminos,
lo haremos a la entrada de las ciudades;
allí, en ese bosquecito de cedros,
detrás o recostados a los árboles más nobles.

Lo haremos porque te amo.
Lo haremos porque me amas y es tuyo y mío
el deseo.


TUMBA

Cuando la noche sepulta al mundo bajo las sombras,
y como una bóveda de piedra cae sobre mí el silencio,
me muero de todas las muertes
y solo tu amor me rescata de entre los muertos.

Sujétame duro en esta noche de tumba
en que tirita la hierba torturada por el frío.
Háblame al oído mientras otro pronuncia mi nombre
como si emergiera de las grietas de la sombra.

La pesadumbre cabalga sobre mi estrella
y la ahoga en los vastos y oscuros reflujos del río.
Viene por mí la muerte con grito de pistolas
y me veo en el cadáver ensangrentado de tu hijo.

Háblame de ese hijo que balbucea en tu vientre
y de la flor que no se marchita ni destrozan las pistolas.
Háblame del futuro que alumbra al final de la sombra,
y del grito en mi pecho, apaciguado por tu estrella.


EHXORTACIÓN DEL ANCIANO VENERABLE

 Cuando suene el viento en los almendros,
te ha de conmover el caer de una hoja.

Y si eres inteligente,
has de comprender que el silencio de la tarde
tiene en algo la culpa de la caída.

Cuando cae una hoja
es como si cayera un hombre:
nadie se da por enterado.
Tú mil veces has caído
e inclusive,
hay días,
hay años
en que en ti mismo persiste la indiferencia.


DESCRIPCIÓN DEL VIENTO

Viene el viento,
viene girando en espirales de hojas y polvo.
Viene y rompe llorando los espacios,
arrastra nubes, atropella tempestades.

Viene en el agua,
en la caída del agua de los cielos,
como un murmullo de mil niños llorando,
como una creciente de ríos desbordados.

El viento gira en las cumbres heridas
por un mortal glacial de milenios
y en el valle que hierve  en la noche
temperado entre las hojas.

El viento está en el cielo apagando las estrellas,
agitando la lánguida flama de los muertos.
Está en el trémulo estanque del reflejo,
donde la luna de plata se contempla.

El viento despeina los largos cabellos del sueño
y nos sueña en la región donde somos más  que susceptibles
y nos acomoda a su modo en un bosque,
entre cedros y hojas de plátano;
entre cafetales que gimen bajo el peso de su cuerpo;

entre negras moras de hojas aceradas,
entre cangilones donde el agua llora
y grita su dolor de reptil contra el lecho de piedra.

El viento nos lleva por encima de las grandes ciudades
que desconocen el escalofrío de los espacios abiertos.
Y nos hace sentir infinitamente pequeños y vulnerables;
el viento, hijo mío,
con esa dulce crueldad de un dios infante.



Estos poemas son tomados de "Todo el silencio" (Ediciones Exilio, 2015) 

1 comentario:

ALVARO GÓMEZ QUINTERO dijo...

Es todo el silencio de Jader lo que lo hace más grande en su mundo interior y que lo expresa en estos incognitos poemas de amor por lo privado y dentro de la soledad, el endiisado amor por la naturaleza. Felicitaciones Jader y adelante porque te queremos seguir leyendo.