Antes del desarrollo de los pequeños anuncios, el comercio del libro, cuando quería vender sus productos hasta en las capas inferiores de la sociedad, se limitaba a los vendedores ambulantes. Estaría bien imaginarse al perfecto viajante de libros en esa época y para esas capas sociales: el hombre que sabía llevar las historias de fantasmas y de caballeros a las habitaciones de las criadas en la ciudad, y de las salas de las granjas en el pueblo. Tendría incluso que entrar un poco en sintonía con las historias a las que quería dar salida.
Walter Benjamin - Desembalo mi biblioteca
Esta entrega de
Desembalo mi biblioteca tomó un tiempo más extenso para ser publicada,
dado que hice una lectura detenida de los tres tomos de la Obra Poética
de León de Greiff, publicados por la Universidad Nacional de
Colombia en abril de 2004 y preparados por el hijo del poeta, Hjalmar de Greiff.
Como el propósito de estas entregas no es el de ahondar en el estudio de los autores desde una perspectiva crítica, sino el reencuentro con los libros que a diario me acompañan y el armado de una selección de los poemas con los que establezco mayores niveles de cercanía y afección, solo quiero retomar algunas líneas de análisis propuestas por Eduardo Gómez Patarroyo sobre la enorme obra del gran poeta colombiano León de Greiff.
Gómez Patarroyo ubica las siguientes características como generales, en la poesía de León De Greiff:
1) Un distanciamiento irónico
respecto a la poesía, incluyendo su propia poesía.
2) Una extraordinaria unidad
entre música y poesía.
3) Una excepcional riqueza y
erudición idiomáticas.
4) Una gran versatilidad del
poeta en la encarnación y creación de personajes míticos.
5) Un humor lírico, picaresco o
cáustico que torna la poesía en quehacer lúdico.
6) Finalmente, es una poesía
inclasificable.
Esta característica es, en realidad, una condición de toda obra de arte
auténtica, pero en De Greiff esa imposibilidad se torna, al menos en el medio
hispanoamericano, singularmente evidente, escandalosa para las academias y casi
agresiva para los convencionalismos literarios.
Estas notas son
tomadas de la serie de cuadernillos titulada Colombianos en la Historia,
editado por Alianza de Lectores y cuyo primer número, dedicado a León de
Greiff, fue preparado por Eduardo Gómez. Hacían parte del Concejo de Redacción:
Harold Córdoba, Eduardo Gómez y Enrique Santos Molano.
Finalmente,
quiero reseñar la selección de poemas realizada en Medellín por Comfama y el
Metro de Medellín para la colección Palabras Rodantes, proyecto de distribución
gratuita. Este ejemplar se editó en 2010 y contó con la selección de Hjalmar de
Greiff.
Selección de
poemas
ADUNO EL SOL
DE GRECIA
Aduno el sol de
Grecia con el brumar norteño
y complico mi
lógica de ácrata anacoreta
con un gesto
jocundo, plácido, asaz risueño…
Voy exórbite;
fumo mis pipas, “soy poeta…”.
Detesto los
afanes de la existencia inquieta,
y, fácilmente,
vivo sin arrugar el ceño,
pues sé que la
delicia de todo, está completa,
en besar unos
labios perfumados de ensueño…
Ambulo por las
cosas de modo indiferente,
diciendo versos
díscolos, ingenuos o sarcásticos,
que así le
causan risas o asustan a “la gente”…
Todo mi sér
sonríe… Mas no cuando fantásticos
ojos de
maleficio con sus brillos elásticos
dentro el
delirio sumen mi espíritu demente!
RIMAS
Lloran mis
tristezas por las alegrías
que ya se
murieron;
por las
alegrías
que en lejanos
días
sus goces me
dieron.
Y pasan los
días dolientes y largos,
como una cadena
dolientes y
largos,
y la vida llena
de vinos
amargos…
Y ladran los
perros cuando mis dolores
lloro por la
senda;
cuando mis
dolores
– sin quien los
comprenda –
canto en los
alcores…
Canto en los
alcores que baña la luna…
Lloran mis
tristezas por las alegrías
que goces me
dieron!
Y baña la luna
de melancolías
los lejanos
días…
¡por las
alegrías
que ya se
murieron!
RITMOS
A Ramón Vinyes
Gira un ritmo
sonámbulo por el hondo sosiego
de la noche
adormida,
bajo del
vibratorio bullir de las estrellas,
sobre mi älma
entristecida.
Solitario – en
la noche – voy sin rumbo, sin rumbo…
Peregrino
doliente,
no a la caza de
gloria, ni de amor, ni ventura…
Peregrino
cansado, indiferente.
Mi espíritu es
un ritmo – no más – dócil, sonámbulo
entre la noche
muda,
entre la noche
ingrávida, despavorida, trémula,
entre la noche
cándida y desnuda.
Mi espíritu es
un vago ritmo sin alegría,
sin amor y sin
llanto…
Palpita con la
noche, vibra con las estrellas,
y a la voz del
silencio une su canto.
De los astros
inmensos y minúsculos, vaga
luz desciende,
serena…
Yo soy un
peregrino de la noche, sonámbulo:
y la noche a su
yugo me encadena!
BALADA DEL DISPARATORIO
BÁQUICO, IMPREGNADA DE MÚLTIPLES ROMANTICISMOS. DÍCELA “EL EBRIO”
Aquesto dixo “El Ebrio”, una vegada.
Aquesto dixo con su voz cansada.
Aquesto dixo por la madrugada.
Yo dello non sé nada.
“Bebamos en las cráteras de öro
que laboró el cincel benvenutino,
champagne, bulbente y bullicioso vino”.
“Bebamos en las ánforas de barro
doria hidromiel; en el panzudo jarro
blonda cerveza, y en las cristalinas
frágiles copas el anís sonoro
así como las finas
mixturas sibilinas”.
“Porque es dulce olvidar”.
“Bebamos en las cráteras de öro
el líquido tesoro
que enloquece las mentes
y elide los deseos,
y que sume los sueños impotentes
en helados Leteos!”
“Porque es dulce olvidar. ¿Algo esculpido
quedar merece en el cerebro? Nada!
Porque es dulce olvidar...”
“El viento azota
la cima de los árboles, tedioso;
vacila el corazón ante la rota!
El espíritu vago!
¡La voluntad errátil
es un tortuoso Yago!
y el soñar aterido...:
¡el soñar aterido y nó vibrátil
ni altanero!... y nostálgico, anheloso
de una distinta vida...”
“Los jardines románticos
horros están de idilios.
Y son hueros los cánticos
jocundos de Himeneo!”
“Dormita ya el Deseo!
Ya dormita el Amor!”
“Y yerra —enloquecida—
por sus ludies exilios
de Dolor,
l’alma pura de Ofelia,
mientras Hamlet, moroso y taciturno
sepultóse en sí mismo!”
“Ya no existe
la verdad, si ha existido... Ya no es nada
la belleza, y lo es todo! y la tristeza
¡cómo es asaz vulgar y adocenada!”
“Yo bucéo un abismo
y el tal abismo es hueco!
Todo es superficial, mentido y triste.
Todo: el Amor y la Naturaleza,
el Mar, las Nubes, la ideal Belleza:
sólo restan cinismo,
rutina, y el enteco
sentido de lo práctico y la cómica
metafísica vómica!”
“Es preciso beber la sangre cálida
de los magos elixires!
Complicados brebajes, quinta-esencia,
sudor de las retortas y alambiques;
todos los filtros químicos y alquímicos
el díctamo, el nepentes,
súmanme en la demencia!”
“En el absintio quiero que se esconda
—tras de sus de sirena glaucos ojos—
mi espíritu arbitrario,
mi corazón, y toda la amargura
de abolidos despojos!”
“Es preciso beber la sangre cálida,
sangre morena
o sangre blonda!
En el absintio quiero que se esconda
—tras de sus glaucos ojos de sirena—
mi corazón, y toda la amargura!”
“La azul locura pálida,
soberana locura,
se asile en mi cerebro solitario!”
“Bebamos en las cráteras de öro
todo el licor que corre por la vena
de la pródiga uva;
y hagamos la serena
—la serena o la loca—
vida del que en sí propio no se toca
y que en nada se halla...:
—“Búdico sér en éxtasis,
Jaiyám bajo los astros,
Edgar en la taberna,
Diógenes en su cuba...
Desdeñosos e impávidos,
sonrientes,
mirando la batalla
sempiterna, mirando la batalla
de apetitos, la gresca y el estridir de dientes
y el vulgar forcejeo
para ascender, para medrar, para vivir...”
“Nosotros —sí, nosotros—
olímpicos yazgamos sobre el trípode sacro:
claudicantes e irónicos,
sonrientes espectadores del simulacro,
sin recordar, sin añorar,
sin anhelar,
¡sin un solo deseo!”
“Brúña el trágico véspero
con sus hórridas lumbres
incendiarias;
dóre el amanecer con vagas lumbres
y medias-tintas de atediada suavidad;
o aljofáre la luna
del bebedor la cabellera bruna
o la blonda o endrina cabellera
nimbada de doliente claridad,
y bebamos el vino,
y bebamos el vino,
y bebamos el vino!”
Aquesto dixo El Ebrio una vegada.
Aquesto dixo con su voz cansada.
Aquesto dixo por la madrugada.
Yo dello non me curo. Yo dello non sé nada.
FAVILAS
Es este el que eludiera con gesto rimbodiano
ligera vanagloria, gloriola y oropel,
y sepultó su espíritu – que asesinó su mano –
en la selva ululante y en el mar oceáno…
– lo sepultó viviente, se sepultó con él –.
Es este el que eludiera, con gesto rimbodiano,
la cosa vana, ambiente, la pánfila hidromiel…
Para consigo mismo gustar absintios, opios,
triacas acedas, dulce nepentes y cicutas,
– dolor, hastío y cóleras en opimos acopios,
caminos sosegados, pesadillescas rutas;
– placer, euforia y risas, vestales impolutas,
Maduras hembras sabias…
¡oh,
qué otoñales opios
los que su flanco acendra para las ansias
brutas!
Es este el que eludiera, con rimbodiano gesto,
ligera vanagloria, gloriola fugitiva,
y sepultó su espíritu bajo togas de asbesto,
bajo togas hirsutas: el espíritu enhiesto,
viviente, – ahora apenas en la sazón estiva –.
Es este aquel que eludiera, con rimbodiano
gesto,
la cosa vana, ambiente, que rueda a la deriva…
Para
consigo mismo gustar opios letales,
triacas, absintios, acres cicutas y nepentes,
– desdén, sarcasmo, olvido, furores
ancestrales,
búdicas elaciones, placeres inocentes,
orgías tumultuosas, deliquios decadentes:
¡Música, Vinos, Fémina!:
las tres Parcas letales
que aduermen en sus brazos corazones y mentes!
SONATINA
En el espejo he visto el Mar,
el Mar sordo.
La cimera cubríanle nubes grávidas de borrasca,
la faz en movimiento delirante bullía
con un hervor preñado de mútilos cadáveres
cárdenos, a la deriva.
Cegaba con telones cinéreos la angustia,
propugnando saltar de las órbitas – adamantina –.
Tenía de las bridas la voz ululadora
lista a irrumpir como jamás apocalíptica.
Los ojos eran cóncavos vórtices abisales
donde ya nunca la estrella encendería
ni riëlar idílico, ni tórridas fogatas.
En el espejo he visto el Mar sordo
–vago y difuso como en cristales de recuerdo;
– rígido y penetrante, – lacerante – como un sueño fallido:
y le he visto en el Día como en la Noche (y en el Crepúsculo
de estrellas desdibujadas y de músicas en esbozo
y de perfumes preludiando las sensuales sonatinas);
y le he visto en el Día (vigía desde la cofa)
que escudriña, oteante, el ir y venir en volúmenes
aborregados de las ondas indiferentes)
y le he visto en la Noche (sutil escucha en el acecho
de voces ultraterrenas, y de próximas, cuya caricia
fuera regalo de sus oídos, si no tortura lancinante).
Pero el Mar es un símbolo? Y es un mito el Océano,
emblemática selva pululadora de fugitivas
sombras, caos mirífico, floresta legendaria donde discurren
las vagueantes Náyades y las Titanias inasibles.
Un mito el Mar? Mirado en el espejo,
refractado en el ávida retina y bebido en su són
y aspirado en sus hálitos salinos y yodados,
– huésped de las Sirenas sortílegas
y de las Circes y las Calypsos prestigïosas
de hechizo inabolible? Es un Mito? Es un Símbolo?
En el espejo he visto el Mar sordo.
Y le he visto en la Noche y en el Crepúsculo (y en el Día):
quieto Mar de viñeta, con la fuga en los mástiles
y la fuga en las velas recogidas
de los barcos inútiles, anclados como esqueletos de pirámides
en las glaucas arenas fijas.
ADMONICIÓN A LOS IMPERTINENTES
Yo deseo estar solo. Non curo de compaña.
Quiero catar silencio. Non me peta mormurio
ninguno a la mi vera. Si la voz soterraña
de la canción adviene, que advenga con sordina:
si es la canción ruidosa, con mi mudez la injurio;
si trae mucha música, que en el Hades se taña
o en cualquiera región al negro Hades vecina...
Ruido: ¡Callad! Pregón de aciago augurio!
Yo deseo estar solo. Non curo de compaña.
Quiero catar silencio, mi sóla golosina.
Como yo soy el Solitario,
como yo soy el Taciturno,
dejadme solo.
Como yo soy el Hosco, el Arbitrario,
como soy el Lucífugo, el Nocturno,
dejadme solo.
Mi sandalia (o mi abarca o mi coturno)
no los piséis, tumulto tumultuario,
dejadme solo.
Judeo, quechua, orangutánida, ario,
—como soy de la estirpe de Saturno—
dejadme solo.
Decanto en mi rincón mínimo canto,
silencioso; alquimista soy señero,
juglar oculto, absconto fabulante.
Dejadme solo.
Buen catador (soto mísero manto)
Buen tañedor (sin Amati o Guarniero)
Alto cantor (aunque bajo cantante)
Dejadme solo.
Dejadme solo. Non quiero compaña.
Dejadme esquivo. Non gusto coreo.
Non paventad: non presumo de Orfeo
desasnador de cerril alimaña.
Dejadme solo soplando mi caña
silvestre. Non pétame pueril ronroneo.
Non son adamado. Non son sigisbeo.
Son áspero, másculo. Son rudo, sin plaña.
Sin queja. Más mudo que Beethoven sordo.
Sin laude. Más zurdo que Cervantes manco.
Sin pathos. Más seco que no Falstaff gordo.
Solitario. Adusto. Voy único a bordo.
Espíritu en negro. Corazón en blanco.
Y esquivo dejadme. Soy notas-arranco
de mi clavecino. Soy fábulas-bordo
sobre el cañamazo de mi pentacordo.
Soy facecias-urdo. Por dentro me estanco.
Dejadme señero: jamás me desbordo.
Como yo soy el Solitario,
como yo soy el Taciturno,
como yo soy el Hosco, el Arbitrario,
como soy el Lucífugo, el Nocturno,
dejadme solo.
Como soy Leo Atrabiliario,
como soy Sergio el Estepario,
como soy Proclo Extravagario,
como ya tengo el Cuervo y el Vulturno
de los acerbos choznos de Saturno,
dejadme solo.
Dejadme solo. Non quiero compaña.
Dejadme esquivo. Non gusto coreo.
Non paventad. Non presumo de Orfeo
desasnador de cerril alimaña.
No viene a mí, ni voy a la montaña.
Ni vasallo ni César, Juez ni Reo:
Sergio Estepario, Estrafalario Leo.
Con mi tonel. De mi cruz cirineo.
Rey de Burlas, soberbio: cetro o caña
pares le son a mi elación huraña.
Dejadme solo.
SONETO
Era la Poesía como la luz del
viento
cuando discurre – sordo –, cuando divaga –
ciega –.
Símbolo puro del infinito dentro del momento
y de los efímero que dura y que perdura y que
se vá y que nunca llega.
Era la Poesía como campo reseco
tras la siega,
como el océano después de la borrasca, híspido
y lento.
Igual a hembra poseída,
sacïada – Ipsilon, Gama, Omega –
y al hombre pensieroso, trascendental,
hierático, virulento.
La Poesía es
cosa de pasmo y sortilegio y maravilla;
fácil tonada que la discanta
el caramillo:
aria aérea en la cálida voz
sexual de la contralto.
Todo el dolor
inmerso en la congoja; toda la euforia. Apenas brilla
lumbrada ocasional si
zozobrante: estride sólo el grillo…
La Poesía cosa es cimera
tallada en corazón si de cenizas de basalto.
SONETO
Poeta soy, si
es ello ser poeta.
Lontano, absconto, sibilino.
Dura
lasca de corindón, vislumbre
obscura,
gota abisal de música secreta.
Amor apercibida
la saeta.
Dolor en ristre lanza de
amargura.
El espíritu absorto, en su
clausura.
Inmóvil, quieto, el corazón
veleta.
Poeta so si ser
poeta es ello.
Angustia lancinante. Pavor
sordo.
Velada melodía en contrapunto.
Callado enigma
tras intacto sello.
Mi ensueño en fuga. Hastiado y
cejijunto.
Y en mi nao fantasma único a
bordo.
CANCIONCILLA
Voy a incrustarme en el
silencio
de donde no debí salir.
Cuando háse de retornar
débese siempre no venir
y en su retiro se quedar:
voy a incrustarme en el silencio.
Es hora tiempo de callar:
lo que se tiene por decir
vale una arena de la mar
o un rebrilleo del zafir.
Voy a incrustarme en el
silencio
de donde no debí salir
como no fuera por vagar
en torno al tema de se ir
dentro de sí, que ya es errar:
Voy a incrustarme en el silencio.
CANCIONCILLA
No toques nada. Déjalo todo en
su sitio.
Mira la rosa mirobolante, signo, símbolo, emblema.
Para los ojos nada, ni para los subsentidos.
Sólo la música és. La Poesía, la Música son una sola Ella.
Y Ella, cualquier Ella, lo sortílego
si sombra efímera huidera.
Para los ojos nada. Función es de los ojos
transvasar las imágenes, aprehenderlas, las fija
– para la eternidad – el químico de acordes.
El sólo. El solo.
Fija una vez la imagen aprehendida...
Los ojos y los otros, subsentidos, servidores.
Y Ella..., el mito remoto,
la volandera sombra efímera,
y la traza cinérea y el regusto salobre.
No toques nada: todo en su sitio. Déja...
Mira la rosa mirobolante. Y es la rosa testigo,
si no pretexto apenas y ocasional abrigo
de musical ensueño, si miel para la abeja.
Goza, chúpa la miel... Rosa, hoy conseja,
vive en el verso. Y en el pan muere el trigo.
La rosa fue la amiga del amigo.
Rosa testigo y trigo. Pan comido. Flor vieja.
Son una sola Ella, música, poesía.
No toques nada. Todo en su sitio quede.
Testigo fue la rosa de pétalos resecos.
Breve placer. Breve dolor. Ya Malvasía,
ya cicuta. ¡Oh Retórica que hiede!
Placer, dolor, ayer... Hoy, huecos ecos!
No toques nada. Déjalo todo en su nicho,
déjalo todo en la urna.
Mira la rosa, cualquiera rosa mirobolante.
Nada para los ojos; todo para la caracola resonante.
Sólo la Música és. Y el resto, ocio y capricho,
mentida euforia más que taciturna.
Poesía y la Música son el eterno instante,
y Ella, cualquiera Ella, sombra errante,
función del viento: y lo demás, ya dicho,
mi sola alma nocturna.
No toques nada. Todo en su sitio deja.
Lo que viene y se va, lo que se fue y retorna
con lo que nunca adivino; lo que ya no vendrá.
No sólo el vino cobra calidad si se añeja:
también el corazón el tiempo exorna,
y lo que fue aventura mito se tornará...
No hay comentarios:
Publicar un comentario