domingo, 29 de enero de 2023

Apuntes para una aproximación a Nietzsche

 


-La filosofía se ha convertido en el inventario de todas las razones que se da el hombre para obedecer. De ahí que, según la metáfora Nietzscheana,  llegue a justificar los valores superiores, los de la pesada carga que lleva el camello (el espíritu de pesadez). Esto es lo más opuesto a la idea que barrunta Nietzsche, la del filósofo creador, la del filósofo que conoce la contingencia y sabe que crear es inventar nuevas posibilidades de vida, es aligerar las cargas, hacer leve la vida y permitirse crearle nuevos sentidos a las cosas.

-En la lectura que hace Deleuze del filósofo alemán dice que: Nietzsche integra dos formas de expresión para la filosofía: aforismo y poema. Ya de entrada, esta estructura propone una nueva manera de concebir el pensador y el pensamiento.

-Nietzsche identifica que hay un “triunfo de la reacción” sobre la vida activa, y de la negación sobre el pensamiento afirmativo”. Propone una crítica de los valores establecidos (los superiores a la vida) y del principio de donde ellos dependen (quienes los sustentan). A partir de esto se puede pensar en crear nuevos valores: martillo y transmutación.

-Así habló Zaratustra: un libro para todos y para nadie, es el anverso del Nuevo Testamento. Es la parodia del texto cristiano, pero no es su negación, es más bien su reverso. En 80 discursos y apelando a una mirada metafórica Nietzsche nos anuncia la apuesta por una “nueva” filosofía.

-Zaratustra como personaje, es un alter ego de Nietzsche. Aparece como un profeta que anuncia la muerte de Dios y el fin del último hombre, con lo que se prevé la venida del superhombre (ultrahombre). Con la muerte de Dios también fenece la idea del ser humano, pues éste no es ni punto de llegada ni tampoco de partida. No somos ni origen ni final, somos tránsito.

-El fin del humano implica el retorno a cierta animalidad, lo que no representa un retroceso, por el contrario, es una superación en tanto que es una manera de disolver lo que somos. El ser humano es un error, según Nietzsche. El superhombre es lo que empieza cuando la idea de humano que hemos (y nos han) construido, desaparece. Sin embargo, no es superación en el sentido de evolutivo, no es mejor. Lo que implica es la relación con la contingencia. Nietzsche es un pensador de la contingencia.

-La contingencia es la posibilidad de mostrar que todo puede ser de otro modo. Es un tránsito que no sabemos hacia dónde lleve. Así concibe Nietzsche la filosofía, como la posibilidad de ser de otro modo. Pensar supone tomar partido y al hacerlo, se escinde la realidad, se dejan cosas por fuera, se descarga el peso y se abre a lo intempestivo.

-Entre otros, hay 4 temas a lo largo de la obra de Nietzsche que quiero repasar: la muerte de Dios, la voluntad de poder, el superhombre y el eterno retorno.

 


-LA MUERTE DE DIOS hace referencia a la crisis de los absolutos. Dios es la convicción de los absolutos. Con la muerte de Dios también se le da muerte a la verdad. La verdad es como un ejército móvil de metáforas, las cuales son funcionales a una época, pero luego pierden su valor.

-La filosofía es una práctica intempestiva, eso quiere decir que nunca está acorde con su tiempo, es crítica y provocadora de su tiempo.

-El hombre es un puente y no una meta, es un entre. Y el arte es el lugar de la fisura (primer Nietzsche). Más adelante se pelearía y diría que el arte tampoco es el camino.

-Para Nietzsche no basta con matar a Dios para trasmutar los valores. La filosofía por venir, la que él anhela, no es ni histórica ni eterna, es intempestiva, deviene siempre otra cosa.

 

-El SUPERHOMBRE surge tras el reconocimiento de los errores del humano, del origen de la decadencia que trajeron las enseñanzas de Sócrates y Jesucristo. Entre esos errores podemos recordar la idea ilusoria de un más allá perfecto, el cual es el culmen de nuestra existencia. Que la pregunta sea por el más allá, funda la metafísica. Nietzsche huye de la metafísica y sus principales propiciadores. Para Nietzsche, la metafísica muere con la muerte de Dios, con la experiencia de un devenir más allá del bien y del mal.

-Según Nietzsche, no basta con matar lo que uno mismo creó: Dios. Antes de Sócrates había deidades, ni dioses buenos ni malos (no había ese pensamiento binario). Antes de Sócrates, Apolo (razón) y Dionisio (pasión) funcionaban sin oposiciones, sin confrontaciones. Pero la idea de un Dios único hizo que el triunfo tendiera hacia Apolo, esto lo podemos ver en la ley, las instituciones, el control.

-Sea el momento de recordar las tres transformaciones. El camello representa la carga, el peso del deber, y está asociado con la muerte de Dios. El León implica el haber tomado el poder y el afianzamiento de un antropocentrismo, del triunfo del hombre. La niñez es algo que se asocia con el futuro. Ser niño es establecer la relación con el juego. Jugar es emancipar las cosas de sentidos únicos, establecer múltiples relaciones. 

-El superhombre se reconcilia con la debilidad. Reconciliación con aquello de lo que hemos querido huir. La reconciliación es con la vida que hemos negado, que la hemos vuelto otra cosa.

-Uno de los llamados de Nietzsche es a entendernos como un campo de batalla.

 


-Para comenzar a pensar en la VOLUNTAD DE PODER es importante observar que en cualquier fenómeno distinguimos fuerzas que actúan y otras que reaccionan. Las primeras son activas, primarias, de conquista y subyugación. Las segundas son reactivas, secundarias, de adaptación y regulación. Ahora bien, la relación de la fuerza con la fuerza es la voluntad.

-De entrada no se puede entender que la voluntad quiera poder o desee dominar. Es erróneo concebirla como “deseo de dominación”, pues según la idea de Nietzsche la voluntad de poder es una potencia de actuar, una potencia del pensamiento, una fuerza activa, vital, en movimiento, es decir, todo lo contrario de un poder anquilosado y del deseo de querer dominar. La voluntad de poder, entonces, consiste en crear, en dar.

-No hay que olvidar que una fuerza manda por voluntad de poder y una fuerza obedece por voluntad de poder. Las fuerzas activas afirman. Las fuerzas reactivas niegan, se oponen. Para Nietzsche la historia nos evidencia que las fuerzas reactivas son las que han triunfado. Ha triunfado el no sobre el sí. La negación sobre la vida es lo que constituye el nihilismo. Las fuerzas reactivas las encarnan los esclavos, éstos han triunfado por la sustracción de la fuerza de los otros y gracias a la potencia de su contagio. Sin embargo, al estar como triunfantes en el poder, sus fuerzas no dejan de ser reactivas, negadoras. Los amos son esclavos que triunfan (esta es la lógica y lo que significó el nazismo). De esta manera, la voluntad de poder sí se hace nociva, pues es la voluntad de poder de los amos-esclavos.

-Hay trasmutación de valores cuando se sucede un devenir activo de las fuerzas, “un triunfo de la afirmación dentro de la voluntad de poder”.

 

-El ETERNO RETORNO tiene una de sus primeros anuncios en La gaya ciencia y luego es anunciado en la voz de Zaratustra que nos conduce a la metamorfosis, a la trasmutación. El eterno retorno nos permite una interpretación ética, la posibilidad de rehacer; y también una interpretación exegética, la posibilidad de repetir lo mismo. Con el eterno retorno también tenemos la posibilidad de desarmar la linealidad del tiempo.

-El retorno como una experiencia vertiginosa, del límite, del entre. Se requiere del olvido para situarse en el instante (una experiencia por fuera de la historia). El mundo como algo que se encuentra a cada instante de su historia acabado y terminado. El tiempo del Eterno Retorno es el instante

-El eterno retorno como el reino de la no identidad, sino de la pluralidad de formas. También como simulacro y parodia, de tal manera que está más allá o más acá del principio de realidad y de identidad.

-Concebir el eterno retorno como círculo vicioso, conlleva una nueva versión de la fatalidad y una afirmación vehemente del caos. En cambio, a la luz del Nietzsche convaleciente, regresar es el ser del devenir, lo uno de lo múltiple, ya no como fuerzas opuestas. “Lo que regresa no es lo Mismo, puesto que regresar es la forma original de lo Mismo, que se dice de lo diverso, de lo múltiple, del devenir. Lo Mismo no regresa, solo es lo Mismo el regresar de lo que deviene.” (Deleuze, 34). Entonces, no es retorno de lo mismo, ni retorno a lo mismo.

-Nietzsche quiere “liberarse de la progresión rectilínea de la humanidad – la marcha “dialéctica” irreversible del materialismo histórico – para intentar vivir según una representación del círculo en la que no sólo está todo perdonado, sino donde además todas las cosas son restituidas.” (Luis Ferrero Carracedo).

-El eterno retorno implica ser selectivo. Es la repetición que selecciona y libera.

 

Imágenes tomadas de la circulación libre en la red.

lunes, 27 de junio de 2022

Omar Ardila y su Estela de sombra

Comparto el texto que escribió la poeta Luz Helena Cordero para presentar mi poemario Estela de sombra, el 25 de junio de 2022, en Bogotá.



Omar Ardila y su Estela de sombra

 

Por Luz Helena Cordero Villamizar

 

En su iluminador texto sobre el verso libre, nos dice la poeta María Teresa Andruetto que «La poesía es lenguaje cargado de posibilidades». Y se pregunta « ¿Qué le da al poema su fuerza, su durabilidad, su alojamiento en la memoria?» y responde que es justamente eso: «Su capacidad de quedarse en nosotros, su triunfo sobre el caos, sobre la banalidad del mundo y de las cosas, su resistencia al paso del tiempo, su pequeña victoria ante lo efímero y lo fugaz. La intensidad hace a la poesía y nos permite diferenciarla de todos los otros modos de la palabra».

Y es que precisamente esta palabra se me impone mientras leo los poemas de Omar Ardila: intensidad. Capacidad para penetrar y permanecer. Fuerza casi imperceptible, aguda en su levedad, gota que penetra la roca. Hay en sus versos potencia de lo apenas sugerido, racionalidad de filigrana, latencia de sentidos y un don exquisito que se me antoja llamar el arte de la discreta abundancia: esa capacidad para combinar el rigor, la mesura de las palabras, con su enorme resonancia.

 La verdad duda de su cuerpo vaporoso…

 Estoy detenido en una isla que le teme al océano…

 El cántico más arraigado es una plegaria de olvido.

 Hay también una insistencia en los contrarios, en la paradoja, en el decir mientras calla, en el silencio que todo lo revela.

 Poderío real de la palabra el que existe antes de ser articulada…

 Vi cómo el lenguaje existía desde antes que el silencio y cómo el silencio era el más expresivo lenguaje.

 Me bebí el agua del olvido y recordé todos los olvidos.

 Su poesía reunida comprende cinco libros de poesía (2005-2022) y el conjunto de sus títulos traza la estela de su pensamiento y su sensibilidad. Alas del viaje en un instante (2005) abunda en reflexiones y afirmaciones contundentes. Corazón de otoño (2010) horada en la Nada. Los dioses están muertos y Dios desorientado, con sus alas rotas. Hay hambre y ausencia de esperanza, el augurio es la nada, pues «somos marionetas de la muerte», proyectos fracasados de Dios, Ícaros caídos en el vacío. Porque los paraísos no solo están ausentes; es que el vacío acuna a los recién nacidos. ¿Cabe mayor nihilismo? A la exclamación de Nietzsche « ¡Dios ha muerto!» se añade la carencia de su evocación, que es de doble vía:

 Mañana ya no seremos nada. Ni siquiera un mal recuerdo de Dios.

 Quizá la música es la única salvación y ni siquiera ella puede contra el olvido. Quizá son las palabras y su poder de creación las que sustituyan al dios.

 Hablo de los miedos crepusculares

que disipaba mi madre con la dulzura de sus palabras.

 El poeta invoca también la memoria ancestral y la naturaleza como bálsamos para curar las heridas, para amamantar la esperanza. Llegan las raíces y con ellas renacemos «en pan, en orquídea, en café, en roble milenario»; acude aquel árbol para narrar las historias que albergó bajo sus ramas generosas y que un día se desnuda y nos enseña cómo marchar altivos hacia la muerte.

En los Espejos de niebla (2013) se reflejan las ciudades ruinosas, con sus calles de angustia, donde el asfalto devora sonrisas y multitudes que «han perdido su noche». La amenaza de su sierpe, esa forma de impedir que germine la «flor nocturna» del amor, sembrada entre camastros, nutrida de mentiras y espejismos. Y llega esta exclamación que penetra en la hondura del ser: «Nunca logramos entender que en nuestro campo de batalla la mejor arma era el silencio».

 

Soy libre:

sin memoria

sin esperanza

sin origen

sin final

 Hay un «Doble yo» transitando las páginas, ese otro que le da sentido a todo lo que borra el descreimiento y el olvido. Otro que escribe, casi de manera compulsiva, vistiendo de sentido y belleza las palabras, regando con su pluma el jardín de las voces, renovando el ritual de la memoria.

 En Luces sobre las piedras (2016) persisten la desesperanza, las «falsas victorias», se hace carne la indolencia, la presencia de esa realidad social representada por el hambre, los genocidios, los desplazados, los desaparecidos, el tiempo de los asesinos que es eterno. Pero cuando el cielo se abre bajo nuestros pies, es tiempo de desplegar las alas. Asfixiaremos «la muerte con gritos libertarios» y eso permite ver «luces sobre las piedras». Aquí la poesía se impone con su caudal de imaginación creadora:

 ¡Aprendimos a desafiar las tinieblas con más oscuridad!

 Viene entonces el llamado a la libertad, a la utopía. Ya no hay temor al vacío ni a la ausencia de Dios. ¡Aquí se abre paso nuevamente la esperanza!

 «Con las piedras arrojadas / contra mí / he construido los muros / de mi casa», escribe Anise Koltz. Con su Estela de sombra Omar Ardila le apuesta todo a lo perdido. El destino del poeta se labra entre paredes de bahareque, cuando lo abandona su ángel de la guarda, cuando está solo frente a la oscuridad. Es hora de erigir espejos ante la Nada, de proyectar la Nada ante el espejo. Hay un desprecio, un rechazo a este presente repleto de malas noticias y además una promesa: nunca más creer que todo pasado fue mejor.

 Esta poesía destila inteligencia y baraja ausencia, olvido, soledad; en estos versos puede morir el aire, y el silencio se transforma en un «caudal de gritos». La gran estela de este libro es la intensidad que resuena en algún paraje del ser.

 

Bogotá, junio de 2022

A continuación comparto algunas imágenes del evento:





miércoles, 15 de junio de 2022

ESTELA DE SOMBRA

 


La ansiedad por el encerramiento en el primer año de la Peste – versión siglo XXI –, no solo me trajo desolación, impotencia y aislamiento; también me llevó a una situación límite de repensar el lenguaje, de volver sobre los trazos con intención poética y establecer una nueva relación afectiva con ellos. De esa porfía nació la idea de armar una obra conjunta, con cuatro libros precedentes (Alas del viaje en un instante, Corazón de Otoño, Espejos de niebla, Luces sobre las piedras) y uno que luchaba por asomar la cabeza en medio del naufragio. Gracias a la complicidad de Santiago López y su editorial Pie de Monte, hemos logrado que este nuevo proyecto haya tomado cuerpo bajo el título de Estela de Sombra, el que estaba destinado para el libro inédito. Así que ahora podemos tener una versión completa de los poemas que hasta ahora he publicado, los cuales corresponden al lapso de 2005 a 2020.

La impresión del libro se realizó en el Taller G.U.R.R.E, con el apoyo en la composición e impresión tipográfica de LA FULMINE y contó con la edición de Camilo Rico y Santiago López T.     

A continuación comparto unos poemas:

 

De Alas del viaje en un instante (2005)

 

XVII

 

Aun, como ausencia,

la oscuridad acompaña

el vuelo inicial del colibrí.

 

Aun, como presencia,

la luz dibuja

los caminos del abismo.

 

La libertad,

sin puerto y sin refugio,

esquiva la ausencia y la presencia

y se entrega en la boca del poema.

 

De Corazón de Otoño (2010)

 

El lugar de la soledad

 

*

Vino la luna

a conocer mi huerto

lleno de nada.

*

Música roja

en la casa del agua.

Vertieron mi sangre.

*

Brumosa tarde

construyendo caminos.

Viajero sin luz.

*

Silencio pertinaz

exhibiendo las corazas.

Vienen horas aciagas.

*

Cuerpos fatigados por la soledad

devoran el aire

de los tiempos muertos.

*

Viajan las nubes

en los orificios de mi pupila.

Fugaz sueño.

*

Alondra sin nido,

extravió el número de su calle.

Vida de nadie.

*

Cuerpos cansados

de soslayar la luz

ahora ascienden junto al sol.

*

Recuerda noche

la vigilia de la orquídea

y su frágil aroma.

*

Muere el aire

apagando palabras.

Hombre sin sombra.

*

Viento del Sur

aroma de naranjo.

Fugaz ritmo ancestral.

*

El silencio,

ese caudal de gritos

que me acecha.

*

Todas las noches

alguien suelta los sueños

en mi parcela vacía.

*

Busco vestigios

de invierno serpenteando

tus labios.

*

En la noche calmada

me despierta el murmullo

de una gota de agua

*

Miro las sombras

esquivando la noche.

Pierdo el rumbo.

 

De Espejos de niebla (2013)

 

Sociedad mediática

 

Despojada la sonrisa y el abrazo.

Vertido el cuerpo en la oquedad de una pantalla.

La vida como una transparencia de la nada,

como un vicio de sí mismo que se exhibe

y que es narrado por heraldos de la muerte.

 

Dicen que todo pasa.

Aunque ya nada es cierto en este tiempo de los corderos camuflados.

 

De Luces sobre las piedras (2016)

 

Simulaciones

 

Los espejos han perdido el rastro del paraíso;

en su última imagen solo quedan los cuerpos caídos

y un poco del albor que sus palabras anunciaban

desde la silenciosa trinchera.

 

Los espejos vaciaron las miradas,

socavaron los gestos

y ahogaron las rosas que sostenían el poema.

 

Los espejos

simulación de la muerte,

escritura del olvido.

 

De Estela de sombra (2020)

 

Como Dios, el Hombre también ha muerto

 

Es la tristeza un llamado de la luz

que aguarda la corrida del velo.

 

Es el velo la seguridad del misterio

que ronda los cuerpos amantes de la sombra.

 

Es la sombra una esperanza,

un ritual de cada mañana

cuando los pasos se hermanan con el polvo.

 

Es en el polvo donde anidan efímeros conceptos:

el Hombre

y su deshilvanada Imagen.




viernes, 11 de marzo de 2022

El eco de la tormenta, de Carlos Fajardo

 


Comparto el texto que leí el 11 de marzo de 2022, en la presentación del libro El eco de la tormenta, de Carlos Fajardo Fajardo:


Nuestra muerte sin cuerpo

 

Jamás tantos muertos

rondaron la casa de los vivos,

jamás tantos vivos

habitaron la casa de los muertos.

 

Nicolás Suescún

 

Quizás una vida no sea suficiente para aprender la muerte y se requiera morir dos o más veces para reconocer que equivocamos el camino, al menos, es lo primero que alcanzo a percibir en las coordenadas que traza el poemario El eco de la tormenta, de Carlos Fajardo Fajardo, el cual lo asemejo a un gran lienzo en el que conviven el dolor, la impotencia y la vaporosa memoria. La crudeza de su atmósfera, advertida desde el título y reafirmada en el primer poema, fulge como una voz necesaria que enfrenta la prosaica realidad sin evasivas y autoengaños:

El salitre es nuestra barca,

rostros de arena

que se extinguen  

 

El primer trazo que brinda el poemario, perfila el despojo como un paraje íntimo enterrado en las cenizas. Los viajeros que han emprendido la ruta de la huida en esta tierra “donde habitan los muertos obligados a ser muertos”, se deslizan entre el escepticismo y la seguridad – paradoja necesaria –. Escépticos frente a la incesante tormenta y seguros de lo que atrás quedó, por eso, reiteradamente vuelven la mirada hacia lo ido (las canciones, el patio, los baúles, las cartas), lo que sostiene sus cuerpos detenidos en la agonía.

Una segunda pincelada describe la sombra de los desaparecidos, esa sombra que nos arropa desde hace tantos años y que nos ha legado la impotencia como certeza; aunque la impotencia de que nos habla el poeta no es una impotencia metafísica, sino aquella que inevitablemente surge cuando intentamos pensarnos como proyecto de nación y vemos que, sin excepción, todos hemos aplazado la tarea. Por ello, estos poemas hacen resonar, a manera de cantinela, lo arduo que ha sido el olvido y la quietud.

Ardua esta quietud,

el despojo de nuestro linaje

 

Quien ha vivido la desaparición y quienes esperan al desparecido, han corroborado lo que es morir dos veces y quizás unas cuantas más. Y lo más contundente de esta abyecta práctica es que lleva a vivir la muerte sin cuerpo. El nuevo linaje que surge es el de un cuerpo agujereado, más aún, un cuerpo sin órganos, pero en su versión antiproductiva – muy distante de la de Artaud –, sin potencia, en la quietud, en la fatiga. El cuerpo que transparenta el poemario está vulnerado por medio de perforaciones y picotazos.

Desde otro lugar del lienzo, un gesto me dice que a pesar de que nos queda el verano, la certeza es el destierro. Este sutil llamado evoca las transparentes voces campesinas que a menudo claman por la llegada del verano para poder recoger la cosecha, sin embargo, el verano que habita en estos poemas es demasiado seco, ardiente y desolado. Para los nuevos trashumantes en las ciudades de nadie, fue urgente la partida, el exilio, antes de que llegara el verano.  Y pese a que los días están contados, el exilio es tan largo, que hasta en el auspicioso mediodía sólo provoca aderezar el hastío.

Nuestros días están contados,

y cuando las manecillas del reloj

marcan el mediodía

cada uno limpia el hastío,

la impaciencia bajo los astros.

 

De a poco, el luto se impone como una constante. La herrumbre, la penumbra definen una nueva manera de estar – ¿Acaso vencidos? –. El candil de la memoria, en realidad, es lo único que queda, pero para nuestro infortunio, es “pavesa entre el ramaje”.

Un fragmento del paisaje quiere apostarle a una pausa, y para ello, el poeta-pintor vuelve a revivir la convicción del vínculo con la tierra, la del primer latido, donde brotó el primer encantamiento, donde todo fue gloria y el tiempo no se mostró tan apremiante. Fue aquel el instante del goce, del pequeño paraíso que todavía no se concebía efímero. Sin embargo, toda esta potencia vital se fue entretejiendo con silenciosas espinas, hasta conformar la casa de la herrumbre. Y con la misma intensidad que se vivió el tejer, se recibe ahora la nueva fuerza de los golpes, como la de los pájaros de Hitchcock o la de las aves del Estínfalo o la del águila que devoraba el hígado de Prometeo.

…y el amor y las flores

y mayo y abril

y marzo

son heridas año tras año,

golpes que retornan

como pájaros

No quiero cerrar esta breve aproximación al poemario de Carlos Fajardo dejando la sensación de que en él todos los cuerpos se encuentran vencidos, la presencia de esta voz, de esta apuesta por la poesía en medio de la herida colectiva, confronta esa idea de derrota, por eso me remito al poema Este olor a jardín, en el que resurge el verano como el lugar de la calma, el de la infancia abierta al misterio y al placer. Asimismo, la lluvia es la celebración del paisaje, de los lugares amigos, de los pájaros y su luz, de la infancia en la que no importa el exilio. Estas figuras recurrentes nos sitúan en un tiempo de la Idea y de la belleza, que fácilmente podría aproximarse a la reflexión socrática, básicamente en que es indestructible y no cambia. En medio de la desolación es vital volver la mirada hacia ese tiempo inmutable, aunque se haya entronizado y nos asalte la convicción de que todo está perdido.

Esta lluvia que huele a paisaje

evoca el invierno de nuestra casa,

el trasegar de pájaros

en la alacena de la infancia,

único exilio donde encontramos el reposo.

 

Omar Ardila, 2022



Cierro esta entrada con unos poemas de Carlos Fajardo Fajardo, los cuales hacen parte de El eco de la tormenta:


DESAPARECIDOS

Arduo ha sido nuestro olvido,

arduos los atardeceres con el trino de un imaginado pájaro.

Ardua nuestra muerte sin cuerpo,

nuestra desvanecida presencia,

este morir dos veces.


Arduo este mutismo en la cresta del aire,

este desprecio lejos de casa,

estas perforaciones en la piel,

los picotazos de las aves.


¿Cuántos sueños han sido abandonados?

¿Cuánta pasión?

¿Cuántos juegos de niño, cuánta fatiga?

¿Cuántos besos en la noche de bodas, cuánto sol de patio?


Ardua esta quietud, 

el despojo de nuestro linaje


NOS QUEDA EL VERANO

Nuestros días están contados

y cuando las manecillas del reloj

marcan el mediodía 

cada uno limpia su hastío,

la impaciencia bajo los astros.


Nos queda el verano, 

también el destierro,

hundir los pies en extrañas ciudades

entre voces de indeseados huéspedes


AÑO TRAS AÑO

Aquí nacimos,

en este aire de ciudad primitiva

donde cualquier esfuerzo se paga con delirio,

donde las mujeres y el río

y aquel primer beso

y las canciones

y la luz

y las palabras

y el amor y las flores

y mayo y abril

y marzo

son heridas año tras año,

golpes que retornan 

como pájaros


ESTE OLOR A JARDÍN

Este olor a jardín

nos recuerda el verano de la casa,

sus fiestas y jolgorios,

al lagarto en su escondite de aljibe,

al árbol solar,

su misteriosa luz,

reinos donde el placer se hizo posible.


Esta lluvia que huele a paisaje

evoca el invierno de nuestra casa,

el trasegar de pájaros

en la alacena de la infancia,

único exilio donde encontramos el reposo