Walter Benjamin
Volvemos en un nuevo encuentro con las sorpresas que nos traen las bibliotecas. Hoy les comparto una selección de la obra del poeta y traductor payanés Carlos López Narváez (1897-1971). Aunque es un autor que hoy no está entre los más estudiados de la literatura colombiana, dejó un legado muy importante, especialmente como traductor. Su obra se recoge en seis libros, siendo Cartas a una sombra (1948) el único con “poemas originales”, tal como él mismo lo subtituló. Previamente había publicado La voz en el eco (1942), el cual contó con un prólogo y epílogo del poeta Guillermo Valencia y con ilustraciones de Gérard Reichel-Dolmatoff. Este es su primer trabajo de traducciones (versiones, en sus propias palabras) de poetas franceses. Luego vendría El cielo en el río (1952), con un prólogo del intelectual nariñense, Ignacio Rodríguez Guerrero; aquí no solo continúa con traducciones de poetas franceses, sino que extiende su trabajo a versiones de poetas haitianos, norteamericanos y letones. El cuarto libro es El tiempo en la brisa, en el que avanza en su anhelo de acercar más voces al castellano, provenientes de epigramas griegos, otros poetas franceses, vates italianos, portugueses, ingleses y canadienses. El quinto y sexto libro fueron resultado de su piadosa religiosidad católica, lo que le valió el apodo entre sus colegas de “Monseñor López Narváez”. El primero de ellos, Las letanías de la Virgen (1946), es una traducción del original francés de Armand Godoy; y el otro, lo tituló Doce semblanzas de “Jesús, Hijo del Hombre” (1953), traducciones seleccionadas de un libro de Kahlil Gibran.
De La voz en el eco, los hijos del poeta hicieron una segunda edición en 1996, para recordar la obra de su padre a los 25 años de fallecido. En ella se conservan prácticamente todas las características de la primera edición, salvo una variación en el tamaño, una foto distinta y la inclusión de unas palabras de presentación, redactadas por Alina López de Rey. En mi biblioteca conservo las dos ediciones de este libro y para esta presentación les comparto la primera, de 1942, realizada en las prensas de la Biblioteca Nacional.
Hacia 1970, el Ministerio de Educación Nacional y el Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, realizaron una edición a la que titularon Itinerarios de poesía, en la que se recogen los seis libros antes mencionados. Esta publicación, de 454 páginas, correspondió al número XVII de las Ediciones de la Revista XIMENEZ DE QUESADA y fue impreso por la Editorial Kelly de Bogotá D.E. En esta selección de la obra más representativa, como lírico y traductor, de López Narváez, no se recogen otras publicaciones breves, entre ellas, la versión de tres poemas de Paul Claudel (1950), que contó con un prólogo de Andrés Holguín. Y tampoco se considera el único trabajo en prosa de López Narváez, titulado Putumayo 1933. Diario de guerra, el cual fue concebido a partir de las impresiones del autor, tras desempeñarse como auditor de guerra durante el conflicto entre Colombia y Perú.
SELECCIÓN POÉTICA
De CARTA A UNA SOMBRA
A QUÉ…
Ya perdieron su arrullo los ocasos
y los abismos florecieron huesos
Matilde Espinosa
A qué llevar hacia el azul los
pasos;
a qué nombrar las cosas
dulcemente,
si para la penumbra confidente
ya perdieron su arrullo los
ocasos.
A qué entreabrir los
sitibundos besos;
a qué dejar la rosa en la
ventana…
Bajó desde los cielos lumbre
vana
y los abismos florecieron
huesos.
A qué mecer la tarde entre los
brazos,
ni sentarse a la orilla de la
fuente,
si en el sordo rugido del
torrente
ya perdieron su arrullo los
ocasos.
Inútiles ya todos los
regresos,
divaguen en la sombra nuestros
pasos:
ya perdieron su arrullo los
ocasos
y los abismos florecieron huesos.
ELEGÍA
Had love been Love
he had not died
Louise Ch. Moulton
–¿Ha Muerto aquel que fuera
nuestra vida?
Ciérrale, pues, los ojos; en
el pecho
mis violetas espárcele: su
lecho
tendrá así la fragancia
preferida.
Una dulce canción estremecida
diga el encanto de que estaba
hecho;
para su levedad fue el mundo
estrecho,
y ya todo lo nubla su partida.
Las estrellas remotas y
calladas
bajo el azul silencio de la
noche
bañen de eternidad su rostro
yerto;
Hasta que un día –lumbre de
alboradas –
diga a tu alma en íntimo
reproche:
Si hubiera sido amor no hubiera muerto.
DOÑA TARTUFA
Del traje oscuro bajo el porte
serio,
con Dios y sus ministros
confianzuda,
ejerce por su estampa
linajuda,
de la moral externo magisterio.
Cada mañana llega al
presbiterio,
y a codazos entrando corajuda,
la bayoneta de la lengua aguda
le tiende al eucarístico
misterio.
Ante un hombro desnudo se
alborota,
un corpiño turgente la
horripila,
el chisme conyugal urde y
explota.
Y allá en su alcoba ingrávida
desfila
la visión de sus sueños en
derrota
al dormirse leyendo a Vargas Vila.
PLEGARIA EN SOMBRA
Voluntad de vivir, ¡no me
abandones!
Memoria del Dolor, ¡tórnate
canto!
En vino de Caná, cámbiate,
llanto,
para el convite de los
corazones.
Clarividencia en las
desolaciones,
dóre mis noches tu celeste
manto,
y que arrulle desvelos de
quebranto
la muda voz de las
constelaciones.
De la Sombra filial – fanal
imagen –
hasta mi pecho los destellos
bajen
por júbilos serenos rescatada;
y a su beso estelar sobre mi
frente,
séas un día, santa y
dulcemente,
Voluntad de vivir, abandonada.
¡BIEN VENIDA!
Bien venida serás, Hermana
Muerte,
cuando vengas, y blanda como
brisa
cierres mis ojos con tu gran
sonrisa
y me recojas en tu brazo
fuerte.
Si llegas con el alba, a la
indecisa
gris claridad que en mi
recinto vierte
hazlo callada: nadie más
despierte
con tu paso, y acércate sin
prisa.
Si para descubrir mi sér
oscuro
necesitas la luz del sol que
arde
me verás como hiedra sobre un
muro.
Mas… déja que al crepúsculo te
aguarde:
mi corazón, con su latir más
puro,
hace tanto agoniza con la
tarde.
De LA VOZ EN EL ECO
Traducciones
De Charles Baudelaire / Poemas
de “Les fleurs du mal”
REMORDIMIENTO PÓSTUMO
Cuando duermas por siempre, mi
amada Tenebrosa,
tendida bajo el mármol de
negro monumento
y por tibia morada y por solo
aposento
tengas, no más, el antro
húmedo de la fosa;
Cuando oprima la piedra tu
carne temblorosa,
y le robe a tus flancos su
dulce rendimiento,
acallará por siempre tu
corazón violento,
detendrá para siempre tu
andanza vagarosa.
La tumba, confidente de mi
anhelo infinito
(compasivo refugio del poeta
maldito)
a tu insomnio sin alba dirá
con gritos vanos:
“Cortesana imperfecta – ¿de
qué puede valerte
denegarle a la Vida lo que hoy
llora la muerte?
Mientras – ¡pesar tardío! – te
roen los gusanos.
De EL CIELO EN EL RÍO
Traducciones
De Emily Dickinson
EMBRIAGUEZ
En jarros tallados en nácar
apuro un licor ignorado…
Tal vez ni del Rhin en las
cavas
pudiera mi sed encontrarlo.
Con una embriaguez de rocío,
borracha de incógnitos
hálitos,
tabernas de azul diluído
recorro en perpetuos veranos.
Cuando las abejas
y las mariposas,
agobiadas, ebrias,
vuelen de las pomas,
aún libaré yo mi vaso
de extraño licor…
Hasta que los ángeles
me agiten su níveo penacho,
y a los ventanales
celestes se asomen los santos
para contemplarme
borracha de azul y de sol.
De EL TIEMPO EN LA BRISA
Traducciones
De Dante Alighieri
TANTO GENTILE…
Tanto es gentil el porte de mi
Amada,
tánto digna de honor cuando
saluda,
que toda lengua permanece muda
y a todos avasalla su mirada.
Rauda se aleja oyéndose
ensalzada
– Humildad que la viste y que
la escuda –,
y es a la Tierra cual celeste
ayuda
en humano prodigio
transformada.
Tanto embeleso el contemplarla
inspira,
que al corazón embriaga de
ternura:
lo siente y lo comprende quien
la mira.
Y en sus labios, cual signo de
ventura,
vagar parece un rizo de
dulzura
que el alma va diciéndole:
¡Suspira!
De Cesare Pavese
LA MUERTE Y TUS OJOS
Cotidiana y nocturna
compañera,
la Muerte, sorda, muerte
desvelante,
– como desvela un gran
remordimiento –
– como desvela un vicio –
la Muerte ha de venir: tendrá
tus ojos.
Mirada que será silencio
grávido,
una palabra muda, un grito
tétrico.
¿Tú misma no lo ves cada
mañana,
inclinada ante ti, frente al
espejo?
¡Oh ardida esperanza!
También nosotros tal día
sabremos
que así como la vida, eres la
Nada.
La muerte a todos lanza una
mirada.
La muerte llegará: tendrá tus
ojos.
Será como dejar un vicio, como
ver aflorar del fondo del
espejo,
como del mar, un rostro
muerto, lívido.
Como escuchando una sellada
boca,
mudos descenderemos al abismo.





No hay comentarios:
Publicar un comentario