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miércoles, 17 de junio de 2026

León de Greiff en Desembalo mi biblioteca 9


Antes del desarrollo de los pequeños anuncios, el comercio del libro, cuando quería vender sus productos hasta en las capas inferiores de la sociedad, se limitaba a los vendedores ambulantes. Estaría bien imaginarse al perfecto viajante de libros en esa época y para esas capas sociales: el hombre que sabía llevar las historias de fantasmas y de caballeros a las habitaciones de las criadas en la ciudad, y de las salas de las granjas en el pueblo. Tendría incluso que entrar un poco en sintonía con las historias a las que quería dar salida.

Walter Benjamin - Desembalo mi biblioteca


Esta entrega de Desembalo mi biblioteca tomó un tiempo más extenso para ser publicada, dado que hice una lectura detenida de los tres tomos de la Obra Poética de León de Greiff, publicados por la Universidad Nacional de Colombia en abril de 2004 y preparados por el hijo del poeta, Hjalmar de Greiff.


Como el propósito de estas entregas no es el de ahondar en el estudio de los autores desde una perspectiva crítica, sino el reencuentro con los libros que a diario me acompañan y el armado de una selección de los poemas con los que establezco mayores niveles de cercanía y afección, solo quiero retomar algunas líneas de análisis propuestas por Eduardo Gómez Patarroyo sobre la enorme obra del gran poeta colombiano León de Greiff.

Gómez Patarroyo ubica las siguientes características como generales, en la poesía de León De Greiff: 

1)      Un distanciamiento irónico respecto a la poesía, incluyendo su propia poesía.

2)      Una extraordinaria unidad entre música y poesía.

3)      Una excepcional riqueza y erudición idiomáticas.

4)      Una gran versatilidad del poeta en la encarnación y creación de personajes míticos.

5)      Un humor lírico, picaresco o cáustico que torna la poesía en quehacer lúdico.

6)      Finalmente, es una poesía inclasificable. Esta característica es, en realidad, una condición de toda obra de arte auténtica, pero en De Greiff esa imposibilidad se torna, al menos en el medio hispanoamericano, singularmente evidente, escandalosa para las academias y casi agresiva para los convencionalismos literarios.

 

Estas notas son tomadas de la serie de cuadernillos titulada Colombianos en la Historia, editado por Alianza de Lectores y cuyo primer número, dedicado a León de Greiff, fue preparado por Eduardo Gómez. Hacían parte del Concejo de Redacción: Harold Córdoba, Eduardo Gómez y Enrique Santos Molano.


También conservo de León de Greiff, el libro
Nova et Vetera, en su segunda edición, de febrero de 1974; la primera había sido publicada en diciembre de 1973. Fue editado por Tercer Mundo Editores y contó con el diseño y armado de Lucía Muelle de Esguerra.

 


Finalmente, quiero reseñar la selección de poemas realizada en Medellín por Comfama y el Metro de Medellín para la colección Palabras Rodantes, proyecto de distribución gratuita. Este ejemplar se editó en 2010 y contó con la selección de Hjalmar de Greiff.



Selección de poemas

  

ADUNO EL SOL DE GRECIA

 

Aduno el sol de Grecia con el brumar norteño

y complico mi lógica de ácrata anacoreta

con un gesto jocundo, plácido, asaz risueño…

Voy exórbite; fumo mis pipas, “soy poeta…”.

 

Detesto los afanes de la existencia inquieta,

y, fácilmente, vivo sin arrugar el ceño,

pues sé que la delicia de todo, está completa,

en besar unos labios perfumados de ensueño…

 

Ambulo por las cosas de modo indiferente,

diciendo versos díscolos, ingenuos o sarcásticos,

que así le causan risas o asustan a “la gente”…

 

Todo mi sér sonríe… Mas no cuando fantásticos

ojos de maleficio con sus brillos elásticos

dentro el delirio sumen mi espíritu demente!

 

 

RIMAS

 

Lloran mis tristezas por las alegrías

que ya se murieron;

por las alegrías

que en lejanos días

sus goces me dieron.

 

Y pasan los días dolientes y largos,

como una cadena

dolientes y largos,

y la vida llena

de vinos amargos…

 

Y ladran los perros cuando mis dolores

lloro por la senda;

cuando mis dolores

– sin quien los comprenda –

canto en los alcores…

 

Canto en los alcores que baña la luna…

Lloran mis tristezas por las alegrías

que goces me dieron!

Y baña la luna

de melancolías

los lejanos días…

¡por las alegrías

que ya se murieron!

 


RITMOS

 

A Ramón Vinyes

 

Gira un ritmo sonámbulo por el hondo sosiego

de la noche adormida,

bajo del vibratorio bullir de las estrellas,

sobre mi älma entristecida.

 

Solitario – en la noche – voy sin rumbo, sin rumbo…

Peregrino doliente,

no a la caza de gloria, ni de amor, ni ventura…

Peregrino cansado, indiferente.

 

Mi espíritu es un ritmo – no más – dócil, sonámbulo

entre la noche muda,

entre la noche ingrávida, despavorida, trémula,

entre la noche cándida y desnuda.

 

Mi espíritu es un vago ritmo sin alegría,

sin amor y sin llanto…

Palpita con la noche, vibra con las estrellas,

y a la voz del silencio une su canto.

 

De los astros inmensos y minúsculos, vaga

luz desciende, serena…

Yo soy un peregrino de la noche, sonámbulo:

y la noche a su yugo me encadena!

 

 

BALADA DEL DISPARATORIO BÁQUICO, IMPREGNADA DE MÚLTIPLES ROMANTICISMOS. DÍCELA “EL EBRIO”

 

Aquesto dixo “El Ebrio”, una vegada.
Aquesto dixo con su voz cansada.
Aquesto dixo por la madrugada.

Yo dello non sé nada.

“Bebamos en las cráteras de öro
que laboró el cincel benvenutino,
champagne, bulbente y bullicioso vino”.

“Bebamos en las ánforas de barro
doria hidromiel; en el panzudo jarro
blonda cerveza, y en las cristalinas
frágiles copas el anís sonoro
así como las finas
mixturas sibilinas”.

“Porque es dulce olvidar”.

“Bebamos en las cráteras de öro
el líquido tesoro
que enloquece las mentes
y elide los deseos,
y que sume los sueños impotentes
en helados Leteos!”

“Porque es dulce olvidar. ¿Algo esculpido
quedar merece en el cerebro? Nada!
Porque es dulce olvidar...”

                        “El viento azota
la cima de los árboles, tedioso;
vacila el corazón ante la rota!
El espíritu vago!
¡La voluntad errátil
es un tortuoso Yago!
y el soñar aterido...:
¡el soñar aterido y nó vibrátil
ni altanero!... y nostálgico, anheloso
de una distinta vida...”

“Los jardines románticos
horros están de idilios.
Y son hueros los cánticos
jocundos de Himeneo!”

“Dormita ya el Deseo!
Ya dormita el Amor!”
“Y yerra —enloquecida—
por sus ludies exilios
de Dolor,
l’alma pura de Ofelia,
mientras Hamlet, moroso y taciturno
sepultóse en sí mismo!”

“Ya no existe
la verdad, si ha existido... Ya no es nada
la belleza, y lo es todo! y la tristeza
¡cómo es asaz vulgar y adocenada!”

“Yo bucéo un abismo
y el tal abismo es hueco!
Todo es superficial, mentido y triste.
Todo: el Amor y la Naturaleza,
el Mar, las Nubes, la ideal Belleza:
sólo restan cinismo,
rutina, y el enteco
sentido de lo práctico y la cómica
metafísica vómica!”

“Es preciso beber la sangre cálida
de los magos elixires!
Complicados brebajes, quinta-esencia,
sudor de las retortas y alambiques;
todos los filtros químicos y alquímicos
el díctamo, el nepentes,
súmanme en la demencia!”

“En el absintio quiero que se esconda
—tras de sus de sirena glaucos ojos—
mi espíritu arbitrario,
mi corazón, y toda la amargura
de abolidos despojos!”

“Es preciso beber la sangre cálida,
sangre morena
o sangre blonda!
En el absintio quiero que se esconda
—tras de sus glaucos ojos de sirena—
mi corazón, y toda la amargura!”

“La azul locura pálida,
soberana locura,
se asile en mi cerebro solitario!”

“Bebamos en las cráteras de öro
todo el licor que corre por la vena
de la pródiga uva;
y hagamos la serena
—la serena o la loca—
vida del que en sí propio no se toca
y que en nada se halla...:

—“Búdico sér en éxtasis,
Jaiyám bajo los astros,
Edgar en la taberna,
Diógenes en su cuba...
Desdeñosos e impávidos,
sonrientes,
mirando la batalla
sempiterna, mirando la batalla
de apetitos, la gresca y el estridir de dientes
y el vulgar forcejeo
para ascender, para medrar, para vivir...”

“Nosotros —sí, nosotros—
olímpicos yazgamos sobre el trípode sacro:
claudicantes e irónicos,
sonrientes espectadores del simulacro,
sin recordar, sin añorar,
sin anhelar,
¡sin un solo deseo!”

“Brúña el trágico véspero
con sus hórridas lumbres
incendiarias;
dóre el amanecer con vagas lumbres
y medias-tintas de atediada suavidad;
o aljofáre la luna
del bebedor la cabellera bruna
o la blonda o endrina cabellera
nimbada de doliente claridad,
y bebamos el vino,
y bebamos el vino,
y bebamos el vino!”

Aquesto dixo El Ebrio una vegada.
Aquesto dixo con su voz cansada.
Aquesto dixo por la madrugada.

Yo dello non me curo. Yo dello non sé nada.

  

 

FAVILAS

 

Es este el que eludiera con gesto rimbodiano

ligera vanagloria, gloriola y oropel,

y sepultó su espíritu – que asesinó su mano –

en la selva ululante y en el mar oceáno…

– lo sepultó viviente, se sepultó con él –.

 

Es este el que eludiera, con gesto rimbodiano,

la cosa vana, ambiente, la pánfila hidromiel…

 

Para consigo mismo gustar absintios, opios,

triacas acedas, dulce nepentes y cicutas,

– dolor, hastío y cóleras en opimos acopios,

caminos sosegados, pesadillescas rutas;

– placer, euforia y risas, vestales impolutas,

Maduras hembras sabias…

                                               ¡oh, qué otoñales opios

los que su flanco acendra para las ansias brutas!

 

Es este el que eludiera, con rimbodiano gesto,

ligera vanagloria, gloriola fugitiva,

y sepultó su espíritu bajo togas de asbesto,

bajo togas hirsutas: el espíritu enhiesto,

viviente, – ahora apenas en la sazón estiva –.

 

Es este aquel que eludiera, con rimbodiano gesto,

la cosa vana, ambiente, que rueda a la deriva…

            Para consigo mismo gustar opios letales,

triacas, absintios, acres cicutas y nepentes,

– desdén, sarcasmo, olvido, furores ancestrales,

búdicas elaciones, placeres inocentes,

orgías tumultuosas, deliquios decadentes:

¡Música, Vinos, Fémina!:

                                           las tres Parcas letales

que aduermen en sus brazos corazones y mentes!

 

  

SONATINA

 

En el espejo he visto el Mar, el Mar sordo.
La cimera cubríanle nubes grávidas de borrasca,
la faz en movimiento delirante bullía
con un hervor preñado de mútilos cadáveres
cárdenos, a la deriva. 

Cegaba con telones cinéreos la angustia,
propugnando saltar de las órbitas – adamantina –. 

Tenía de las bridas la voz ululadora
lista a irrumpir como jamás apocalíptica.

Los ojos eran cóncavos vórtices abisales
donde ya nunca la estrella encendería
ni riëlar idílico, ni tórridas fogatas.

En el espejo he visto el Mar sordo 
–vago y difuso como en cristales de recuerdo;
– rígido y penetrante, – lacerante – como un sueño fallido: 

y le he visto en el Día como en la Noche (y en el Crepúsculo
de estrellas desdibujadas y de músicas en esbozo
y de perfumes preludiando las sensuales sonatinas);

y le he visto en el Día (vigía desde la cofa)
que escudriña, oteante, el ir y venir en volúmenes
aborregados de las ondas indiferentes)

y le he visto en la Noche (sutil escucha en el acecho
de voces ultraterrenas, y de próximas, cuya caricia
fuera regalo de sus oídos, si no tortura lancinante).

Pero el Mar es un símbolo? Y es un mito el Océano,
emblemática selva pululadora de fugitivas
sombras, caos mirífico, floresta legendaria donde discurren
las vagueantes Náyades y las Titanias inasibles.

Un mito el Mar? Mirado en el espejo,
refractado en el ávida retina y bebido en su són
y aspirado en sus hálitos salinos y yodados,
– huésped de las Sirenas sortílegas
y de las Circes y las Calypsos prestigïosas
de hechizo inabolible? Es un Mito?   Es un Símbolo?

En el espejo he visto el Mar sordo.
Y le he visto en la Noche y en el Crepúsculo (y en el Día):

quieto Mar de viñeta, con la fuga en los mástiles
y la fuga en las velas recogidas
de los barcos inútiles, anclados como esqueletos de pirámides
en las glaucas arenas fijas.

 

 

ADMONICIÓN A LOS IMPERTINENTES

          

Yo deseo estar solo. Non curo de compaña.
Quiero catar silencio. Non me peta mormurio
ninguno a la mi vera. Si la voz soterraña
de la canción adviene, que advenga con sordina:
si es la canción ruidosa, con mi mudez la injurio;
si trae mucha música, que en el Hades se taña
o en cualquiera región al negro Hades vecina...
Ruido: ¡Callad! Pregón de aciago augurio!
Yo deseo estar solo. Non curo de compaña.
Quiero catar silencio, mi sóla golosina.

Como yo soy el Solitario,
como yo soy el Taciturno,
dejadme solo.

Como yo soy el Hosco, el Arbitrario,
como soy el Lucífugo, el Nocturno,
dejadme solo.

Mi sandalia (o mi abarca o mi coturno)
no los piséis, tumulto tumultuario,
dejadme solo.

Judeo, quechua, orangutánida, ario,
—como soy de la estirpe de Saturno—
dejadme solo.

Decanto en mi rincón mínimo canto,
silencioso; alquimista soy señero,
juglar oculto, absconto fabulante.
Dejadme solo.

Buen catador (soto mísero manto)
Buen tañedor (sin Amati o Guarniero)
Alto cantor (aunque bajo cantante)
Dejadme solo.
Dejadme solo. Non quiero compaña.
Dejadme esquivo. Non gusto coreo.
Non paventad: non presumo de Orfeo
desasnador de cerril alimaña.

Dejadme solo soplando mi caña
silvestre. Non pétame pueril ronroneo.
Non son adamado. Non son sigisbeo.
Son áspero, másculo. Son rudo, sin plaña.

Sin queja. Más mudo que Beethoven sordo.
Sin laude. Más zurdo que Cervantes manco.
Sin pathos. Más seco que no Falstaff gordo.
Solitario. Adusto. Voy único a bordo.
Espíritu en negro. Corazón en blanco.

Y esquivo dejadme. Soy notas-arranco
de mi clavecino. Soy fábulas-bordo
sobre el cañamazo de mi pentacordo.
Soy facecias-urdo. Por dentro me estanco.
Dejadme señero: jamás me desbordo.

Como yo soy el Solitario,
como yo soy el Taciturno,
como yo soy el Hosco, el Arbitrario,
como soy el Lucífugo, el Nocturno,
dejadme solo.

Como soy Leo Atrabiliario,
como soy Sergio el Estepario,
como soy Proclo Extravagario,
como ya tengo el Cuervo y el Vulturno
de los acerbos choznos de Saturno,
dejadme solo.

Dejadme solo. Non quiero compaña.
Dejadme esquivo. Non gusto coreo.
Non paventad. Non presumo de Orfeo
desasnador de cerril alimaña.

No viene a mí, ni voy a la montaña.
Ni vasallo ni César, Juez ni Reo:
Sergio Estepario, Estrafalario Leo.
Con mi tonel. De mi cruz cirineo.
Rey de Burlas, soberbio: cetro o caña
pares le son a mi elación huraña.
Dejadme solo.

  

 

SONETO

 

Era la Poesía como la luz del viento

cuando discurre – sordo –, cuando divaga – ciega –.

Símbolo puro del infinito dentro del momento

y de los efímero que dura y que perdura y que se vá y que nunca llega.

 

Era la Poesía como campo reseco tras la siega,

como el océano después de la borrasca, híspido y lento.

Igual a hembra poseída, sacïada – Ipsilon, Gama, Omega –

y al hombre pensieroso, trascendental, hierático, virulento.

 

La Poesía es cosa de pasmo y sortilegio y maravilla;

fácil tonada que la discanta el caramillo:

aria aérea en la cálida voz sexual de la contralto.

 

Todo el dolor inmerso en la congoja; toda la euforia. Apenas brilla

lumbrada ocasional si zozobrante: estride sólo el grillo…

La Poesía cosa es cimera tallada en corazón si de cenizas de basalto.

 

 

SONETO

 

Poeta soy, si es ello ser poeta.

Lontano, absconto, sibilino. Dura

lasca de corindón, vislumbre obscura,

gota abisal de música secreta.

 

Amor apercibida la saeta.

Dolor en ristre lanza de amargura.

El espíritu absorto, en su clausura.

Inmóvil, quieto, el corazón veleta.

 

Poeta so si ser poeta es ello.

Angustia lancinante. Pavor sordo.

Velada melodía en contrapunto.

 

Callado enigma tras intacto sello.

Mi ensueño en fuga. Hastiado y cejijunto.

Y en mi nao fantasma único a bordo.

 

 

CANCIONCILLA

 

Voy a incrustarme en el silencio
de donde no debí salir.

            Cuando háse de retornar
débese siempre no venir
y en su retiro se quedar:
voy a incrustarme en el silencio.

             Es hora tiempo de callar:
lo que se tiene por decir
vale una arena de la mar
o un rebrilleo del zafir.

            Voy a incrustarme en el silencio
de donde no debí salir
como no fuera por vagar
en torno al tema de se ir
dentro de sí, que ya es errar:

 

           Voy a incrustarme en el silencio.

 

 

CANCIONCILLA

 

No toques nada. Déjalo todo en su sitio.
Mira la rosa mirobolante, signo, símbolo, emblema.
Para los ojos nada, ni para los subsentidos.
Sólo la música és. La Poesía, la Música son una sola Ella.
Y Ella, cualquier Ella, lo sortílego
si sombra efímera huidera.

Para los ojos nada. Función es de los ojos
transvasar las imágenes, aprehenderlas, las fija
– para la eternidad – el químico de acordes.
El sólo. El solo.
Fija una vez la imagen aprehendida...
Los ojos y los otros, subsentidos, servidores.
Y Ella..., el mito remoto,
la volandera sombra efímera,
y la traza cinérea y el regusto salobre.

No toques nada: todo en su sitio. Déja...
Mira la rosa mirobolante. Y es la rosa testigo,
si no pretexto apenas y ocasional abrigo
de musical ensueño, si miel para la abeja.

Goza, chúpa la miel... Rosa, hoy conseja,
vive en el verso. Y en el pan muere el trigo.
La rosa fue la amiga del amigo.
Rosa testigo y trigo. Pan comido. Flor vieja.


Son una sola Ella, música, poesía.
No toques nada. Todo en su sitio quede.
Testigo fue la rosa de pétalos resecos.

Breve placer. Breve dolor. Ya Malvasía,
ya cicuta. ¡Oh Retórica que hiede!
Placer, dolor, ayer... Hoy, huecos ecos!

No toques nada. Déjalo todo en su nicho,
déjalo todo en la urna.
Mira la rosa, cualquiera rosa mirobolante.
Nada para los ojos; todo para la caracola resonante.
Sólo la Música és. Y el resto, ocio y capricho,
mentida euforia más que taciturna.
Poesía y la Música son el eterno instante,
y Ella, cualquiera Ella, sombra errante,
función del viento: y lo demás, ya dicho,
mi sola alma nocturna.

No toques nada. Todo en su sitio deja.
Lo que viene y se va, lo que se fue y retorna
con lo que nunca adivino; lo que ya no vendrá.
No sólo el vino cobra calidad si se añeja:
también el corazón el tiempo exorna,
y lo que fue aventura mito se tornará...

 

 

 

miércoles, 4 de febrero de 2026

Desembalo mi biblioteca 3 - José Asunción Silva

 


Qué de recuerdos no se acumulan en la memoria, una vez que uno se ha zambullido en la montaña de cajas para extraer de ella los libros sacándolos a la luz del día, o, mejor aún, caída la noche.

WalterBenjamin

En esta tercera entrega me detengo ante José Asunción Silva, el poeta colombiano que, quizás, ha sido más editado en toda la historia de las letras colombianas, y cuya vida y obra ha ido adquiriendo, con el paso de los años, cierto carácter mítico. Hoy voy a compartir cuatro libros que nos hacen un recorrido por su obra.

En la edición de la Obra Completa, realizada por la colección Biblioteca Ayacucho en 1977, señalaba el prologuista, Eduardo Camacho Guizado, que “José Asunción Silva ha llegado a ser una especie de leyenda, un “caso” de la sensibilidad poética, de la exquisitez de espíritu, de la genialidad enfermiza, de los desvíos del ser superior, del conflicto con la realidad que tiene toda alma privilegiada, y en fin, de la psicopatología del genio artístico.”


Por su parte, Héctor Hugo Orjuela, quien realizó la edición crítica de Poesías para la publicación del Instituto Caro y Cuervo en la colección Biblioteca Colombiana, realizada en 1979, anotó lo siguiente: “Silva precisamente vale porque cultivó un arte depurado, porque no creyó en la abundancia ni en la improvisación, y porque su poesía es trasunto de un irreprimible deseo de belleza y de una incesante, y a ratos angustiosa, indagación de la vida y del misterio.”




Un tercer libro que conservo es el editado por la Casa de Poesía Silva, en su segunda edición de diciembre de 2013, el cual lleva por título José Asunción Silva. Poesía completa. De sobremesa. El prólogo lo realizó Gabriel García Márquez y el estudio preliminar estuvo a cargo de Fernando Charry Lara, quien dice que Silva es “uno de los primeros poetas en enfrentarse al lenguaje como creación. Su poesía, aparentemente sencilla por el desgano hacia las imágenes, voces o alusiones eruditas, a las que tan dado era el gusto de la época, plantea, en primer término, la necesidad de que, en virtud de la magia de la palabra y “como las vagas formas del deseo”, sea posible la expresión de las sensaciones.”


Finalmente, y además como un homenaje al trabajo de editor de Gerardo Rivas Moreno, quien creó el sello editorial Fica (Fundación para la Investigación y la Cultura), sumo a esta selección el cuadernillo José Asunción Silva. Antología Poética, el cual hizo parte de la Colección de Poesía Quinto Centenario, que reunió a Poetas de España y América. Este cuadernillo, el número 13, fue editado en agosto de 1990.



POEMAS DE JOSÉ ASUNCIÓN SILVA

  

Vejeces

Las cosas viejas, tristes, desteñidas,
sin voz y sin color, saben secretos
de las épocas muertas, de las vidas
que ya nadie conserva en la memoria,
y a veces a los hombres, cuando inquietos
las miran y las palpan, con extrañas
voces de agonizante dicen, paso,
casi al oído, alguna rara historia
que tiene oscuridad de telarañas,
son de laúd, y suavidad de raso.
 

¡Colores de anticuada miniatura,
hoy, de algún mueble en el cajón, dormida;
cincelado puñal; carta borrosa,
tabla en que se deshace la pintura
por el tiempo y el polvo ennegrecida;
histórico blasón, donde se pierde
la divisa latina, presuntuosa,
medio borrada por el liquen verde;
misales de las viejas sacristías;
de otros siglos fantásticos espejos
que en el azogue de las lunas frías
guardáis de lo pasado los reflejos;
arca, en un tiempo de ducados llena,
crucifijo que tanto moribundo,
humedeció con lágrimas de pena
y besó con amor grave y profundo;
negro sillón de Córdoba; alacena
que guardaba un tesoro peregrino
y donde anida la polilla sola;
sortija que adornaste el dedo fino
de algún hidalgo de espadín y gola;
mayúsculas del viejo pergamino;
batista tenue que a vainilla hueles;
seda que te deshaces en la trama
confusa de los ricos brocateles;
arpa olvidada que al sonar, te quejas;
barrotes que formáis un monograma
incomprensible en las antiguas rejas,
el vulgo os huye, el soñador os ama
y en vuestra muda sociedad reclama
las confidencias de las cosas viejas!
El pasado perfuma los ensueños
con esencias fantásticas y añejas
y nos lleva a lugares halagüeños
en épocas distantes y mejores,
por eso a los poetas soñadores,
les son dulces, gratísimas y caras,
las crónicas, historias y consejas,
las formas, los estilos, los colores
las sugestiones místicas y raras
y los perfumes de las cosas viejas!
 

 

Muertos 

En los húmedos bosques, en otoño,
Al llegar de los fríos, cuando rojas,
Vuelan sobre los musgos y las ramas,
En torbellinos, las marchitas hojas,
La niebla al extenderse en el vacío
Le da al paisaje mustio un tono incierto
Y el follaje do huyó la savia ardiente
Tiene un adiós para el verano muerto
              Y un color opaco y triste
              Como el recuerdo borroso
              De lo que fue y ya no existe.
 

En los antiguos cuartos hay armarios
Que en el rincón más íntimo y discreto,
De pasadas locuras y pasiones
Guardan, con un aroma de secreto,
Viejas cartas de amor, ya desteñidas,
Que obligan a evocar tiempos mejores,
Y ramilletes negros y marchitos,
Que son como cadáveres de flores
              Y tienen un olor triste
              Como el recuerdo borroso
              De lo que fue y ya no existe.
 

Y en las almas amantes cuando piensan
En perdidos afectos y ternuras
Que de la soledad de ignotos días
No vendrán a endulzar horas futuras,
Hay el hondo cansancio que en la lucha
Acaba de matar a los heridos,
Vago como el color del bosque mustio,
Como el olor de los perfumes idos,
              Y el cansancio aquel es triste
              Como el recuerdo borroso
              De lo que fue y ya no existe!
 

 

La respuesta de la tierra 

Era un poeta lírico, grandioso y sibilino,
Que le hablaba a la tierra una tarde de invierno,
Frente a una posada y al volver de un camino:
-¡Oh madre, oh Tierra! -díjole-, en tu girar eterno
Nuestra existencia efímera tal parece que ignoras.
Nosotros esperamos un cielo o un infierno,
Sufrimos o gozamos, en nuestras breves horas,
E indiferente y muda, tú, madre sin entrañas,
De acuerdo con los hombres no sufres y no lloras.
¿No sabes el secreto misterioso que entrañas?
¿Por qué las noches negras, las diáfanas auroras?
Las sombras vagarosas y tenues de unas cañas
Que se reflejan lívidas en los estanques yertos,
¿No son como conciencias fantásticas y extrañas
Que les copian sus vidas en espejos inciertos?
¿Qué somos? ¿A do vamos? ¿Por qué hasta aquí vinimos?
¿Conocen los secretos del más allá los muertos?
¿Por qué la vida inútil y triste recibimos?
¿Hay un oasis húmedo después de estos desiertos?
¿Por qué nacemos, madre, dime, por qué morimos?
¿Por qué? Mi angustia sacia y a mi ansiedad contesta.
Yo, sacerdote tuyo, arrodillado y trémulo,
En estas soledades aguardo la respuesta.
 

La Tierra, como siempre, displicente y callada,
Al gran poeta lírico no le contestó nada.
 

 

El recluta 

Hasta que manos piadosas

Algún sepulcro le dieron,

Al bajar de la cañada

Junto a las matas de helecho,

Destrozada la cabeza

Por una bala rémington;

Con la blusa de bayeta

Y la camisa de lienzo,

Un escapulario santo

Colgado al huesoso cuello,

Los pantalones de manta

Manchados de barro fresco,

Las rudas manos crispadas,

Los ojos aún abiertos,

Y la sangre, ya viscosa,

Pegándole los cabellos,

Estuvo toda la noche

De aquel combate sangriento

Abandonado el cadáver

Del pobre recluta muerto.

¿Su nombre?... Un oscuro nombre.

Dijunto Fuan Abudelo,

Cuando hablan de la campaña

Lo nombran los compañeros...

¿Su madre?... Una pobre madre,

Que en el rancho, al pie del cerro,

Abandonada y estúpida

Pasa los días inciertos.

¿Su vida?... Una oscura vida,

La vida vaga de un cuerpo,

Que fue tranquila y sin odios

Hasta en el cuartel infecto,

Do penetrado de frío,

Que le calaba los huesos

Y que tiritar le hacia

Bajo el bayetón deshecho,

Conoció toda la angustia

De largas noches sin sueño,

Y de tristes soledades,

El pobre recluta muerto.

 

Los soldados que seguían

En titánicos esfuerzos,

De Egipto a los arenales

Y de Rusia a los desiertos,

Al hombre de ojos de águila

Y de caprichos de hierro,

Tenían tras del reñido

Batallar, largo y supremo,

En cada voz, un halago,

En cada mandato, un premio.

Más del Capitán Londoño,

Que fue su Jefe en el Cuerpo,

Sólo conoció dos órdenes

De detención y de cepo,

Un planazo en las espaldas

Y el modo de gritar -Juego!

Hasta la tarde en que, herido

En el combate siniestro,

Cayó, gritando ¡Adíós, mama!

El pobre recluta muerto 

 

Realidad 

En el dulce reposo de la tarde
Cuando al ponerse el sol en occidente
Su luz dorada, de la vida fuente,
Como una hoguera en los espacios arde,
O de la noche en el silencio umbrío
Cuando la luna con fulgor de plata
Alumbra a trechos el sonante río
Y en sus límpidas ondas se retrata,
Entre las sombras de la vida hay horas
En que la realidad que nos circuye
A detener el ímpetu no alcanza
De nuestra alma que a lo lejos huye
Y a la región de lo ideal se lanza…

Y entonces cuando pienso en tus amores
Nuestras dos vidas deslizarse veo
No cual la realidad que aja sus flores
Sino cual la ilusión de tu deseo.
No por las conveniencias separados,
Soñando tú conmigo, yo en tus sueños,
Sino juntos los dos en los collados
De la Arcadia risueños;
Asidos por las manos a lo lejos
Buscando el fin de la campiña amena
A los pálidos rayos de la luna.
O del ardiente sol a los reflejos,
Dejando transcurrir una por una
Las no contadas horas venturosas
Que no mancha la sombra de una pena
Libando amor… y deshojando rosas…
Del verdor y del musgo en lo sombrío
Ocultos en lo ignoto del boscaje
Radiante aún de gotas de rocío
De virgen fuerza y de vigor salvaje;
Sentados a la orilla del torrente
Tú escuchando los ecos del follaje
Yo acariciando -trémula la mano-
Tus rizos al caer sobre tu frente…

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Otras veces trayendo a la memoria
Los fantasmas de un tiempo ya pasado
Junto con ellos cual sencilla historia
Los ideales de tu amor soñado.
Y es entonces un gótico castillo
De altivas torres de musgosas piedras
En cuyo muro gris crecen las hiedras
Teatro de nuestro amor santificado.

Y en reducida y perfumada estancia
Cuyos tapices abrillanta y dora
El fuego de la antigua chimenea,
Juntos los dos oímos a distancia
Diciéndonos protestas de ternura
La voz del agua que al perderse llora
Y el viento que en los árboles cimbrea
Entre el silencio de la noche oscura.

O en frágil barca en plácida mañana
De lago azul flotando en los cristales
Con la mirada errantes contemplamos
El cielo, la ribera, los juncales,
Y las nieblas que inciertas, vaporosas,
Van a perderse en la región lejana
Como se pierde la esperanza humana
O el postrimer aroma de las rosas.

Mas cuando el alma en sus ensueños flota,
La realidad asoma de improviso
No más resuena la encanta nota…
Brotan espinas do la rosa brota,
Y en crüel se torna el paraíso.

Vuelvo a mirar… y pienso que nacimos
Para vivir por siempre separados,
Que no es una la senda que seguimos
Y que la lumbre que cercana vimos
Fue visión de tu amor y tus cuidados.

Y al comparar la realidad penosa
Con los paisajes de ideal que miro
En el fondo del alma lastimosa
Para tu dulce amor -niña piadosa-
Para tu dulce amor surge un suspiro.